Capítulo 22
—¿Cómo te encuentras hoy? —Mia levanta la mirada de su móvil cuando Erin se detiene a su lado.
Están en el comedor privado del hotel y es la hora del desayuno, pero es un día en el que la doctora le presta más atención porque esta noche es el concierto.
—Bien, no he vuelto a sentir esa presión rara aquí —la cantante se toca la nuca—. Estoy perfectamente.
Una camarera se acerca con su plato y Mia le señala una silla a Erin.
—¿Quieres desayunar aquí conmigo?
—¿Dónde está Noah? —pregunta Erin, sorprendida porque siempre comen juntos.
—En su habitación, tiene compañía —responde, y su sonrisa torcida aparece haciendo que el vientre de Erin se contraiga.
—Ah —la doctora se sienta frente a ella.
—¿Has pedido ya? —pregunta la cantante.
—Sí, no te preocupes. ¿Aprovechamos y me dices cuántas horas has dormido?
Mia tuerce el gesto. Es la segunda vez en todo este tiempo que Erin se sienta con ella, y le encantaría que utilizara este rato para otra cosa que no fuera hablar de sus malditos desmayos, pero la doctora le pidió una tregua y Mia está dispuesta a lo que sea si con eso Erin cambia de opinión respecto a ella.
—Seis horas, puede que siete. ¿Tú has dormido bien?
Erin levanta la mirada de su pequeña libreta, descolocada.
—Es solo una pregunta, Dooley, no te morirás si me respondes.
La sonrisa de Erin se curva un poco y Mia siente un deseo repentino arremolinarse en su vientre.
—Sí, he dormido bastante bien.
—Me alegro —la cantante suena tan sincera que Erin no sabe qué decir a continuación, porque no está acostumbrada a que le pregunten este tipo de cosas.
—Me he bebido medio litro de agua desde que me he levantado, y ahora esto —Mia señala su vaso.
—Bien, procura beber un poco más que el resto de los días.
—Tranquila, Dooley, me has instruido bien.
Erin vuelve a sonreír y llega su desayuno, y es ahí cuando se da cuenta de que Mia la ha estado esperando sin probar el suyo.
—Buen provecho —dice la cantante antes de atacar sus huevos revueltos.
—Gracias, igualmente.
Comen en un silencio cómodo y, cuando terminan, Erin se levanta y se sienta a su lado para tomarle el pulso. La mirada azul de la cantante se queda clavada sobre los dedos que hay sobre su piel, los que le encantaría volver a sentir pegados a su nuca mientras su boca se abre contra la de Erin.
—¿Todo bien? —pregunta cuando la doctora la suelta y escribe en su libreta.
—Sí, todo dentro de lo normal. ¿Cuál es el plan de hoy? No sé cuándo podré hablar con Noah y necesito organizarme.
—Y organizar mi día —añade Mia con una mueca.
—Sí, eso mismo.
—Estoy libre hasta la prueba de vestuario, que es a las cuatro. Después, otro descanso y la prueba de sonido a las siete, el concierto a las ocho y media.
Erin toma notas mientras la escucha y Mia solo puede mirar los mechones de pelo que caen sobre su rostro y sus labios entreabiertos que, desde que los probó, se han convertido en una adicción para ella.
—Lo tengo todo —Erin ladea la cabeza para mirarla, con los brazos apoyados en la mesa marcando las líneas de sus músculos, que ahora han captado la atención de la cantante.
Erin sigue sus ojos y se mira, cada vez más consciente de que le gusta saber que Mia se siente atraída por ella. Carraspea para llamar su atención y la cantante levanta la mirada.
—Nada de esfuerzo hoy, y ni te acerques al gimnasio.
Sigue bebiendo agua y descansa. Dividiremos tu comida en dos veces, una temprana y otra sobre las cuatro con algo ligero.
Después de la prueba de vestuario merendarás algo que incluya dulce y, a partir de ahí, solo líquidos hasta que termine el concierto.
—Te odio cuando me dices estas cosas.
Erin le guiña un ojo y no se da cuenta de lo que acaba de hacer hasta que se levanta y ve la boca abierta de Mia.
Le es imposible saber lo que ha supuesto el gesto para la cantante, pero si se atreviera a preguntarle, Mia le diría que tiene el corazón desbocado y su sexo acaba de palpitar con fuerza.
Tras colgar una llamada con Barry, Erin entra en la habitación de Mia a las cuatro.
Dentro hay cinco personas además de la cantante: la estilista y su ayudante, que revolotean a su alrededor como moscas; Noah, que está sentado de lado en un sillón con las piernas colgando y los auriculares puestos mientras mira su tablet ; Jude está en la terraza hablando por teléfono, y sentada a la mesa está Violette, la abogada a la que Erin no había vuelto a ver desde que comenzó esta aventura con la gira Wild.
—Dooley —Violette sonríe mientras se levanta y camina hacia ella con una mano extendida—. Me alegro de verte, ¿cómo te va?
—Bien, me voy adaptando —responde, mirando de reojo hacia Mia porque acaba de escuchar su risa y no ha podido evitar observarla.
La cantante está de pie, vestida con unos de los pantalones que suele utilizar durante el concierto y una camiseta ajustada.
La estilista está agachada frente a ella haciendo algo en su cintura, mientras que su ayudante y la cantante están muertas de risa por algo que una de las dos ha dicho, y Erin piensa que cuando se ríe es más guapa todavía.
—¿Esa es nueva? —pregunta la abogada mirando a la ayudante.
Erin mueve la cabeza de una a otra sin saber muy bien qué responder porque no lo tiene claro, pero sí que es cierto que a esa chica no la había visto hasta ahora.
—Desde luego, Mia tiene un don para meterse a cualquier chica en el bolsillo; ya tenemos candidata para su amante de esta noche.
El comentario por parte de Violette es completamente inocente. No lo ha dicho como crítica sino como anécdota, pero Erin siente de repente que las costillas se le comprimen y una sensación incómoda que identifica de inmediato como celos se apodera de ella de golpe.
—Es posible.
Durante una fracción de segundo, le pasa el pensamiento por la cabeza de aprovechar que la abogada está aquí para decirle que quiere rescindir su contrato, que les da los quince días que acordaron para que busquen a otro médico y ella vuelve a Nueva York en cuanto lo encuentren, pero se traga las palabras y se obliga a recordar que ella y Mia no tienen nada precisamente porque ella no ha querido, así que, si la cantante quiere acostarse con una chica diferente cada noche, debe aceptarlo.
—Hola, Dooley —la voz de Jude la hace girarse y devolverle un saludo tan seco como el que él le ha dedicado.
No lo soporta. Desde que el agente quiso ampliar los eventos de la cantante incluso cuando casi había sufrido un desmayo el día antes, se dio cuenta de que para este hombre el negocio está por encima de la salud de Mia.
Tuvo otro encontronazo con él hace una semana cuando dijo que estaba negociando dos fechas nuevas para la gira, y ahí no pudo frenarlo del todo porque Mia estaba bien.
—Parece que os adoráis —comenta Violette con expresión divertida cuando Jude se acerca a Nell, que acaba de entrar en la habitación.
—No es mi persona favorita, eso seguro.
La abogada se ríe y se sienta, y Erin se deja caer a su lado mientras espera a que la estilista y su ayudante liberen un poco a Mia para tomarle las constantes.
—Es un poco capullo a veces.
—Le importa una mierda lo que le pasa a Mia; debería cambiar de agente y buscar a uno que gestione su calendario adaptándose a lo que le pasa, no en función de lo que puede facturar.
—Eso solo puede decidirlo ella —Violette mira a Jude, asegurándose de que no la escucha—. En Nueva York hay una agencia que se llama Stone cualquiera de ellos lo haría mejor que Jude, y te aseguro que pondrían la salud de Mia por delante.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque los conozco, sobre todo a ella. He colaborado con sus abogados varias veces.
Abigail es fría como un témpano de hielo, pero es una de las mejores agentes que hay en el país, y te garantizo que negociará lo que haga falta protegiendo siempre el bienestar de Mia.
Como te he dicho, yo no puedo intervenir, pero tú…
Erin vuelve a mirar a la cantante y piensa que, si en algún momento sale el tema, se lo comentará para que valore buscar a alguien que se preocupe por ella.
Erin se ahueca la camiseta y bebe agua hasta casi vaciar la botella. Hace mucho calor en este recinto y ha exigido más ventiladores en el escenario para Mia, que ha bajado hace un rato, sudando a mares tras la prueba de sonido. La sugerencia le ha costado otra discusión con Jude, para variar.
—Eso nos va a retrasar, Dooley; no se pueden poner en cualquier parte y este escenario es más pequeño.
—Me da igual lo pequeño que sea: o haces que los pongan o suspendes el concierto, pero Mia no pasará dos horas ahí arriba con este calor; se desmayará antes de la mitad de la actuación.
Jude ha resoplado y le ha dado la espalda, pero ha obedecido, y ahora hay tres técnicos pasando cables y apartando otras cosas para poder colocar cuatro ventiladores monstruosos que cubren todas las zonas por las que se mueve la cantante.
Un murmullo de voces la hace girarse porque reconoce una de ellas, y de inmediato se encuentra con la sonrisa de Lexie Farhall, que la saluda con la mano a unos metros de distancia mientras habla con un par de fotógrafos que cubren el evento.
Erin le devuelve el saludo y de repente se siente nerviosa ante la mirada de la periodista, que le deja claro que quiere repetir lo del último concierto.
Se gira y se coloca en su sitio en el lateral derecho, a pie del escenario.
No puede pensar en ella ahora, pero la cabeza le da vueltas cuando recuerda las risas de Mia y la ayudante de la estilista.
Los celos vuelven por un momento y mira a Lexie de reojo, y se siente tan confundida que hunde la mano en su pelo para tirar hasta que el dolor en el cuero cabelludo la hace exhalar con fuerza y relajarse.