Capítulo 13
Mia se ha despertado y ha sentido ansiedad.
Recordaba lo que había pasado, pero al verse tumbada en la cama no tenía claro si había estado dormida o desmayada.
Se ha incorporado de golpe y, al hacerlo, ha sufrido un leve mareo que se le ha pasado de inmediato.
Ha identificado la habitación, aunque le ha costado recordar en qué ciudad estaba —pero esto también le pasa la mayoría de los días— y, cuando se ha girado para coger su móvil y llamar a Noah, ha visto la nota escrita de Erin sobre la pantalla.
A la cantante le ha temblado la mano de un modo muy extraño al cogerla, su pulso se ha acelerado sin motivo y la ansiedad le ha golpeado el pecho de nuevo.
Al ver su letra, su cerebro se ha trasladado de inmediato a un par de horas antes, cuando estaba tumbada en el suelo de la sala de ensayo con Erin a su lado.
Mia se estremece, porque la doctora la miraba con una atención y ternura que no tiene nada que ver con esa forma de mirarla con desinterés que tiene normalmente, y su tono, esa manera de susurrarle y hablarle con un afecto que no parecía fingido, la hacen suspirar de necesidad, sin entender del todo cuál es la verdadera Erin Dooley para ella: ¿la que se muestra fría y distante la mayor parte del tiempo o la que aparece cuando colapsa?
Escucha la puerta principal de la suite cuando se abre y al principio piensa que puede ser el servicio de habitaciones, pero después recuerda que Erin tiene una copia de su tarjeta en cada hotel en el que se alojan, y se sorprende cuando se da cuenta de que es capaz de reconocerla por su forma de caminar, a través de esos pasos seguros y rápidos.
—Hola, Dooley —saluda cuando Erin entra en la habitación.
La doctora camina hasta la cama y se sienta a su lado, cogiéndole la muñeca para comprobar su pulso.
—Pensaba que dormirías más, ¿cómo te encuentras? —pregunta Erin.
—Bien, un poco asustada todavía, creo —Mia se atusa el pelo, nerviosa.
—Sí, estás un poco acelerada, pero esto es normal después de lo que ha pasado. ¿Estás mareada? ¿Notas algún síntoma?
Mia niega con la cabeza.
—Estoy bien. Me he mareado un poco al incorporarme de golpe, pero también me pasa después de fo... —la cantante se detiene y Erin entorna la mirada.
—Sí, eso también es normal que suceda algunas veces —confirma la doctora.
Mia siente un pinchazo de pura necesidad entre las piernas al escucharla.
Su lengua afilada quiere moverse para preguntarle si a ella también le pasa, si se marea al levantarse después de correrse, porque quiere conocer cada una de las sensaciones que esta mujer experimenta en la cama, pero logra detenerse a tiempo.
—Supongo —murmura, y carraspea para aclararse la voz.
—¿Quieres levantarte? Probemos a ver si te mareas ahora.
La cantante se queda pensativa unos segundos. Está en ropa interior bajo la sábana y no sabe si es apropiado mostrarse así ante la doctora, si Erin se ofenderá o se sentirá incómoda al verla, pero entonces recuerda que la ropa se la han quitado entre Erin y Nell, así que ya la ha visto.
—Vale.
Erin se desliza un poco hacia los pies en el colchón y Mia se incorpora.
No siente mareo ni ningún otro síntoma; de hecho, se siente cargada de energía, sin rastro de esa flojera que ha experimentado antes.
Lo que sí nota es una excitación descontrolada que se apodera de ella por el simple hecho de estar en ropa interior frente a Erin Dooley.
—¿Bien? —pregunta Erin.
—Sí, todo genial —la voz le sale ronca y tiene que carraspear otra vez para aclararla.
—Entonces vístete mientras pido que te suban el almuerzo. Es un poco pronto, pero es importante que comas algo y recuperes las fuerzas.
—Tengo algo de hambre —reconoce Mia—, pero voy a ducharme antes de vestirme —anuncia mientras sale de la cama.
Erin se levanta también y se dirige hasta la otra mesilla donde está el teléfono.
—Deja la puerta del baño abierta —ordena antes de coger el aparato.
La cantante se detiene en seco en medio de la habitación.
—¿Qué?
—No voy a entrar, pero quiero que la dejes abierta por si te encuentras mal y tengo que hacerlo.
Mia se pisa un pie descalzo con el otro y Erin tiene que concentrarse mucho para lograr que sus ojos se muevan y se aparten del cuerpo de la cantante antes de que la haga parecer algo que no pretende, que es que Mia piense que tiene algún tipo de interés en ella, porque Erin no lo tiene, o de eso trata de convencerse cada vez que la atraviesa algún pensamiento intrusivo como este.
—Está bien.
Veinte minutos después, Mia sale del baño vestida con un pantalón deportivo y una camiseta de manga corta.
Ha sido la ducha más rara que se ha dado nunca, sintiendo que la voz de Erin acariciaba su cuerpo desnudo cuando cada cinco minutos le preguntaba si todo iba bien.
La doctora debía de estar muy cerca de la puerta, porque Mia la escuchaba como si la tuviera justo al lado.
—Estoy fresca como una rosa —dice antes de que Erin abra la boca—, puedes dejar de preguntar.
La doctora levanta una ceja y después le hace un gesto con la cabeza para salir de la habitación. En el salón de la suite, encuentra sobre la mesa dos platos y un postre, y al otro lado, uno con una ensalada y un filete que al parecer es para Erin.
—¿Voy a tener el placer de comer contigo? —pregunta Mia, divertida.
Erin simplemente se sienta frente a ella al otro lado de la mesa.
—Quiero pasar un rato contigo después de lo que ha pasado. Necesito valorar tu estado.
—Yo, encantada. Será como una cita, ¿sabes cuánto hace que no como con una mujer guapa?
—Siempre puedes proponérselo a la mujer de la otra noche, o a cualquiera de todas con las que... —la que se detiene ahora es la doctora cuando Mia la observa con su sonrisa torcida.
Esta vez ha sido ella la que no ha podido frenar su lengua, y más que reprocharse a sí misma no haber sabido hacerlo, lo que se reprocha es haber respondido de un modo que pueda interpretarse como celos, porque ella no está celosa.
—¿Querías decir con todas las mujeres con las que me acuesto? —aprovecha Mia, porque si hay una sola grieta en esta mujer, ella piensa colarse.
—No quería decir nada, empieza a comer, por favor.
—Sí que querías —Mia sostiene ambos cubiertos con las manos, pero no los utiliza porque le interesa mucho más esta conversación que llevarse nada a la boca—.
¿Crees que no debería acostarme con desconocidas?
¿Que soy una zorra que se aprovecha de sus seguidoras?
Cuéntamelo, Dooley, me interesa saber tu opinión.
—No estoy aquí para opinar, Wilder.
—Pero te estoy preguntando, quiero saberlo. ¿Qué opinas sobre cómo gestiono mi vida sexual?
La doctora mira el trozo de carne en su tenedor y piensa que tendrá que cortarlo más pequeño para que no se le atragante en esa garganta seca que tiene ahora mismo.
—Lo que pienso es que eres una mujer libre que puede hacer con su cuerpo lo que quiera cuando le plazca.
—Mmm, interesante —sisea Mia—. ¿Y tú? ¿Qué haces con el tuyo? ¿Hay algún tío por ahí? ¿Alguna mujer?
—Mi vida sexual es cosa mía. Ahora come —exige Erin, que no quiere tocar este tema con la cantante, pero Mia parece encantada.
—Venga, ¿por qué no me lo puedes decir? ¿Sales con alguien?
Mia se imagina la respuesta porque Violette comentó que Erin estaba soltera cuando la investigó, y si estuviera con alguien, probablemente recibiría llamadas, pero la cantante —que pasa muchas horas con la doctora durante el día— jamás la ha visto usar el aparato.
—No salgo con nadie, ahora co...
—¿Has salido con chicas alguna vez? —la corta antes de que Erin acabe la conversación.
—¿En qué es relevante esa información para ti, Wilder?
—A mí me interesa, y también me interesa saber por qué ahora ya no soy Mia y vuelvo a ser Wilder, o por qué vuelves a ser cortante y tan inaccesible. ¿Qué diferencia hay entre mi yo de ahora y mi yo cuando estoy tirada en el suelo?
Erin no se esperaba las preguntas y se queda congelada; ni siquiera Mia tenía intención de hacerlas, pero no soporta que la doctora sea tan cercana unas veces y fría en otras ocasiones.
—Demasiadas preguntas —responde Erin, llevándose un trozo de carne a la boca.
—No hace falta que las respondas de golpe, puedes ir una por una, pero responde, por favor —insiste la cantante.
—No veo ningún motivo para tener que hacerlo.
—Joder, Erin —Mia suelta un bufido de desesperación—.
¿Por qué no puedes? ¿Qué tienen de malo?
Tengo claro que no te intereso y ni siquiera te pido que seas mi amiga porque a mí no me interesas en ese sentido —Erin exhala—, pero pasamos mucho tiempo juntas y creo que tengo derecho a saber algunas cosas que me conciernen.
—Si me acuesto o no con mujeres no es algo que te importe.
Mia encaja el golpe como puede, porque esto no puede rebatirlo.
—Está bien, no me lo cuentes si no quieres, pero lo otro sí, porque eso me afecta directamente; es a mí a quien tratas con cariño unas veces y con esta estupidez cortante las demás —la señala con el tenedor, frustrada.
—Tienes razón, te afecta, y la respuesta es que te trato como considero que necesitas según el momento.
Mia frunce el ceño, desconcertada.
—No te entiendo.
—Puede que tengas recuerdos confusos cuando estás al borde del desmayo, pero te asustas mucho y necesito anclarte a mí para que te tranquilices.
A Mia se le cierra la garganta y se maldice por haber preguntado.
—Entonces, ¿solo finges ese cariño? ¿Es un papel que interpretas?
Erin se pasa la lengua por los dientes, incómoda.
—¿Podemos dejar este tema, por favor?
—No, porque no lo entiendo —Mia no quiere que le afecte la sinceridad de Erin, pero lo ha hecho y siente una ligera opresión en el pecho que no sabe cómo controlar—. Según tú, actúas conmigo como crees que necesito. ¿Necesito que seas fría conmigo el resto del tiempo? ¿Qué mierda es esa?
—No voy a seguir hablando de esto, Wilder...
—Me llamo Mia —la corta la cantante—. Si solo vas a usar mi nombre cuando estoy a punto de desmayarme, no hace falta que lo hagas, llámame Wilder también, y no actúes como si te preocupara de verdad; no necesito tu condescendencia.
Mia se levanta y Erin hace lo mismo, cortándole el paso a la cantante cuando trata de volver a la habitación. La chica de pelo lavanda prácticamente impacta contra el cuerpo de Erin, pero ignora lo que siente al hacerlo y trata de rodearla para seguir su camino.
—Espera... —Erin la sujeta del brazo.
Mia levanta la mirada y aprieta la mandíbula cuando su primer pensamiento es elevarse sobre sus pies para besarla.
—¿Qué?
—No voy a disculparme por hacer mi trabajo, y actuaré como considere para tu beneficio —Mia baja la mirada, decepcionada porque por un momento ha fantaseado con la idea de que Erin se disculpara, que usara su nombre otra vez y que suavizara ese tono seco que siempre parece tener para ella, pero la doctora no recula, y Mia comprende que no tiene ni una sola fisura por la que colarse porque Erin Dooley es un muro construido precisamente para evitar a personas como ella—. Siéntate a comer, por favor.
Los ojos azules de Mia no se levantan ni una sola vez. Se queda quieta unos segundos mirando los hombros de la doctora, y decide que su orgullo está por encima de esto.
—Vale —responde, y se gira para volver a la mesa.
Erin la suelta y se queda donde estaba, viendo cómo Mia se sienta en la silla y empieza a comer sin levantar la mirada del plato.
Se siente incómoda consigo misma en este momento, sin saber si todo lo que ha dicho es la verdad o solo lo que necesitaba decir para protegerse de lo que comienza a sentir por Mia Wilder, una chica por la que sabe que no debe permitirse sentir nada.
No se sienta de nuevo a la mesa y Mia tampoco le pregunta, y todo se vuelve insoportablemente tenso entre ellas.
—Voy a hablar con Noah para que suspenda la prueba de sonido de esta tarde —decide Erin cuando Mia termina de comer—. Tampoco harás sesión de entrenamiento; lo que queda de día te lo vas a tomar para descansar, y mañana ajustaremos las actividades dependiendo de cómo estés al levantarte.
—Genial, haz lo que quieras —responde Mia sin girarse.
—Pasaré a verte antes de la cena —termina la doctora antes de darse la vuelta y salir de la suite.
Mia no se mueve cuando escucha la puerta cerrarse. Se queda ahí sentada, mirando su plato vacío mientras intenta alejar esa sensación de opresión que tiene en el pecho.