Salvaje Capítulo 9
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Capítulo 9

Erin entra en el Scotiabank Arena siguiendo a todo el equipo con la sensación de que parecen un desfile militar. Mia va unos pasos por delante junto a Noah y un par de bailarines de los que la acompañan en la gira.

La doctora mueve los brazos un par de veces mientras camina porque siente los músculos un poco tensados todavía.

Esta mañana ha estado haciendo ejercicio en el gimnasio del hotel, algo que le gusta hacer siempre que puede, pero que con sus turnos largos y rotativos en urgencias no podía hacer todo lo que quería.

Ha hecho ejercicios de brazos, piernas y espalda, y ahora se siente mucho mejor, aunque está segura de que mañana tendrá unas pocas agujetas.

Mia y su banda se van directamente al escenario porque a la cantante le gusta inspeccionarlo todo antes de comenzar, y ella pasa de largo, siguiendo a un guardia de seguridad que la deja en el pasillo del backstage tras mostrarle la sala médica y el camerino que tiene asignado.

Erin hace las verificaciones de siempre con el material, después deja sus cosas y camina hasta el escenario.

Son las cinco menos cuarto y el ensayo oficial no empieza hasta dentro de quince minutos, pero Mia ya está haciendo pruebas de sonido junto a los técnicos.

Erin se coloca en el lateral con el walkie que le han dado y un auricular en la oreja que le permite escuchar cuando haya demasiado ruido.

Ve pasar a Jude por detrás del escenario, elegante y altivo como si ya estuvieran de concierto.

No se ha cruzado con él todavía ni lo echa en falta porque no le cae bien; que no le hiciera caso cuando se trataba de la salud de su artista le molesta, porque le demuestra que este hombre prioriza el negocio por encima del bienestar de Mia Wilder.

Jude levanta la mirada y la ve; al principio se queda quieto, pero después alza una mano para saludarla y Erin se da cuenta de que la animadversión es mutua.

Le devuelve el gesto y sube al escenario para tomar las constantes de Mia, que se gira hacia ella y se aparta del grupo como si hubiera presentido su presencia.

—Déjame esa mano, Wilder.

—Qué formal, Dooley —dice Mia, estirando el brazo.

Erin le coge la muñeca y se concentra en contar sin contestar mientras Mia siente ese ligero hormigueo que ha comenzado a experimentar cuando los dedos de la doctora se posan sobre su piel.

Le pasó ayer y le ha pasado las dos veces que ha tomado sus constantes esta mañana.

Se gira y ve que varias personas del equipo las están mirando, incluido Jude.

No se siente incómoda del todo porque todos saben lo que le pasa, pero tampoco le gusta la sensación; la hace sentir como un bicho raro.

—¿Prefieres que hagamos esto en otro sitio? —pregunta Erin, que ha levantado la mirada y ha notado la tensión de la cantante.

—No, no importa. Supongo que tienen que acostumbrarse.

—¿Y tú? ¿Cómo lo llevas? —pregunta la doctora.

Mia pega los brazos a su cuerpo y barre el suelo con la punta de su bota intentando mostrar una seguridad que en ese momento Erin sabe que no siente.

—Bien, tampoco es nada grave, ¿no?

Se encoge de hombros y sus ojos azules miran a la doctora un segundo antes de volver a mirar hacia abajo.

—No, no lo es, pero es un cambio importante en tu rutina y al principio del diagnóstico cualquier síntoma asusta porque crees que te vas a desplomar.

La cantante se encoge de hombros otra vez mientras se le forma un nudo en la boca del estómago que la hace suspirar con fuerza.

—Estoy bien, no me da miedo —asegura, pero su expresión corporal indica lo contrario.

—Conmigo no tienes que fingir nada, Wilder.

No soy tu amiga, no soy tu mánager ni formo parte del equipo que te acompaña en los ensayos.

Soy tu doctora y sé perfectamente lo que te pasa, así que, si necesitas hablar de esto, resolver cualquier duda que te surja o decir en voz alta que te asusta más lo que sientes después del desmayo que lo de antes, puedes acudir a mí.

La mirada de Mia se levanta muy despacio y sus ojos azules se quedan quietos en los grises de Erin.

Ella no le ha contado a nadie el miedo que llegó a sentir cuando despertó en aquella camilla, en una habitación que no reconocía, con un ruido de fondo que no podía identificar y la voz suave y cariñosa de la mujer que tiene delante tratando de calmarla, pero Erin sí se dio cuenta, y Mia no sabe cómo se siente con el hecho de que la doctora sea capaz de ver a través de su máscara con esa facilidad.

—Gracias, doctora, pero estoy perfectamente —asegura haciendo un gesto vago con la mano para quitarle importancia. ¿Puedo seguir con el ensayo?

Erin la mira un momento antes de asentir.

—Sí, pero bebe un poco de agua antes —ordena, cogiendo la botella que llevaba consigo y ha dejado en el suelo al encontrarse con Mia.

La cantante no protesta, la coge y da tres tragos largos antes de devolvérsela y correr hacia el centro del escenario. Erin se coloca en su sitio y pide por el walkie que dejen más botellas en zonas del escenario que no molesten para que Mia pueda beber en cualquier momento.

—¿Erin Dooley?

La doctora se gira al escuchar su nombre y se encuentra con una mujer de unos sesenta años con el pelo canoso corto y despeinado como si tuviera veinte.

—¿Nell? —deduce al recordar la descripción que le hizo la abogada sobre esta mujer.

—La misma; me alegro de conocerte por fin —Nell le da un apretón fuerte de manos.

—Lo mismo digo.

—Voy a estar por ahí detrás controlando que todo salga como debe, pero si necesitas algo, no dudes en decírmelo.

—Genial, gracias —dice Erin.

Nell se gira, pero antes de seguir su camino se detiene.

—¿Cómo está Mia? —pregunta mirando a la cantante—. Además de estupenda.

Erin sonríe.

—Está bien. No muestra ningún síntoma y me he ocupado de que se hidrate y coma bien durante el día. No debería pasar nada, pero estaré atenta.

—Me alegro; menudo susto cuando me dijeron lo del Madison. En fin, te veo después.

Erin la observa alejarse y se queda quieta unos segundos.

Le ha caído bien; parece una tipa dura y seca cuando no habla, pero le ha transmitido una sensación de calma como la que siente con Barry, y eso es algo que le pasa con muy poca gente.

Se gira hacia el escenario y siente un repentino tirón en el estómago cuando ve a Mia quitarse la sudadera que llevaba puesta.

La cantante ha bajado la cremallera central y la ha dejado caer a un lado del escenario, quedándose con un top que le cubre lo justo y las mallas negras que se ha puesto para el ensayo.

Erin carraspea y bebe un trago de agua de su propia botella para aclararse la garganta y tratar de deshacer esa sensación extraña que ha sentido.

El tiempo del ensayo le pasa volando y a las siete todos se detienen y se apagan las luces del escenario porque empieza la apertura de puertas. Mia baja por su lado y Erin le entrega la botella de agua y la acompaña por el backstage hasta que llegan a la puerta de la sala médica.

—Entra un momento; deja que te tome la tensión y te dejo libre para que te prepares.

De nuevo, Mia no protesta y la sigue, sentándose en la silla que la doctora le señala mientras termina de recuperar el aliento.

Erin le pone el tensiómetro y aprieta el botón del aparato mientras Mia se fija en su cintura.

Le gusta mucho el estilo informal de la doctora, con la camiseta de manga corta medio sacada del pantalón cargo negro que estiliza sus piernas.

—Esto está bien. ¿Tú cómo te encuentras? ¿Has tenido sensación de mareo en algún momento?

Mia se levanta y al hacerlo queda demasiado cerca de Erin, que la mira por un instante cuando la cantante alza la vista porque la doctora es más alta que ella.

A la artista le resulta tan tentadora que por un segundo piensa en levantarse sobre las puntas de los pies y besarla, porque Erin tiene una forma de mirarla que la desconcierta mucho.

No pestañea ni parece incómoda cuando se encuentra con sus ojos, y a veces tiene la sensación de que pasan demasiado tiempo observándose, pero se corrige de inmediato, recordando que esta mujer no tiene ningún interés en ella y que todo lo que percibe solo son alucinaciones suyas.

Ve lo que quiere ver porque Erin Dooley le gusta.

—Estoy bien, Dooley. Espero que disfrutes del con... —Mia se detiene y entorna la mirada—. ¿Te gusta mi música?

La doctora sonríe de un modo que hace que el estómago de Mia se dé la vuelta y presione contra su vientre.

—No es mi estilo —decide ser sincera—, pero no me disgusta.

—¿Siempre eres tan diplomática? —Mia levanta una ceja y aparece esa sonrisa torcida que hace que Erin siempre se fije en la línea de expresión fina que se dibuja junto a la comisura de sus labios.

—Solo cuando es necesario.

—No necesito que me endulces las cosas; si no te gusta mi música, lo puedes decir —Mia parece divertida, y Erin no está segura de que esta conversación —que no tiene nada extraño en apariencia— deba continuar, porque no es lo que dicen, sino la expresión juguetona que hay en la cara de Mia Wilder cuando le habla.

—Lo haría si fuera así, pero como te he dicho, no está mal.

—Esa respuesta es una mierda, doctora.

Erin se ríe sin abrir la boca, soltando el aire por la nariz mientras Mia camina hacia atrás hasta que llega a la puerta y se da la vuelta para salir.

El concierto empieza con diez minutos de retraso porque Jude ha decidido que es mejor así.

—Creamos expectación —ha dicho, pero lo único que Erin ha visto que se conseguía con eso era aumentar los nervios de Mia, que se movía de un lado a otro mientras Noah trataba de calmarla.

—Vale, ahora —alguien da la orden y Mia corre a su sitio.