Salvaje Capítulo 8
27%

Capítulo 8

El hotel en Toronto está muy cerca del lago Ontario. Erin nunca ha estado aquí y lo mira todo a su alrededor sin saber por dónde empezaría si tuviera tiempo libre. Hace tanto que no se dedica tiempo a sí misma que pensarlo la pone nerviosa.

—Tu llave —dice Violette, apareciendo a su lado en el lobby del hotel.

Erin coge la tarjeta y, cuando va a guardarla, la abogada le entrega otra.

—La de la suite de Mia por si hay alguna emergencia. Estáis pared con pared, eso será siempre así de aquí en adelante.

La doctora la coge también y se la guarda junto a la suya sin hacer preguntas.

Hace rato que ha perdido a la cantante de vista.

En cuanto han llegado a la entrada del hotel, había una veintena de fans que de algún modo se habían enterado de que su cantante favorita se alojaba allí, y dos guardaespaldas del tamaño de una puerta la han rodeado y han entrado con ella seguidos de Noah, así que supone que la habrán llevado directamente a su suite mientras el personal de seguridad despejaba la zona.

—Si quieres que te suban algo de comer, solo tienes que descolgar el teléfono y pedirlo; los gastos corren de nuestra cuenta, por eso no te preocupes.

Yo no voy a estar con vosotros durante toda la gira, iré y vendré, así que, si necesitas cualquier cosa o tienes cualquier duda y no estoy, mi consejo es que acudas a Nell.

—¿A quién?

La abogada sonríe.

—Sí, perdona. No la conoces; llegará mañana. Viene más tarde porque tenía que resolver un asunto en Nueva York. Es la directora de producción de la gira. Sabrás quién es porque tiene el pelo corto y canoso, parece borde, y lo es si no le caes bien, pero no creo que sea tu caso. Nos vemos después.

Violette desaparece antes de que Erin pueda hacer cualquier pregunta, pero lo tiene todo bastante claro por ahora, así que coge su maleta y toma el ascensor hasta la última planta para ir hasta su habitación.

Cuando entra, se queda petrificada en la entrada.

La habitación es enorme, mucho más grande que el salón de su casa, y cuando accede al baño, descubre que tiene jacuzzi.

—Joder —murmura impactada.

Pasa los siguientes treinta minutos dándose una ducha y aprovechando para deshacer la maleta hasta que alguien llama a su puerta. Cuando abre, se encuentra a Noah cambiando el peso de un pie a otro mientras la mira con su particular sonrisa amable.

—Perdona que te moleste, pero si tienes un rato, voy a repasar con Mia el calendario de la semana, y Jude me ha dicho que tenías que estar al tanto de todo, así que...

—Claro, deja que coja el móvil.

La doctora sale al cabo de un segundo y apenas camina cinco metros hasta la siguiente puerta. Mia abre en pantalón de chándal, camiseta blanca básica y el pelo húmedo tras la ducha. Está descalza y sin maquillar, y parece más joven de lo que es.

Erin pasa por su lado cuando entra y nota que Mia baja un poco la mirada cuando pasa, mirándole el trasero. No le da importancia; eso no se lo ha prohibido y, mientras siga respetando las normas, todo irá bien.

—Vale —empieza Noah, quitándose las zapatillas para estirar las piernas en el enorme sofá que hay en la suite de la cantante.

Ella se sienta en otro más pequeño que hay delante y saca su libreta mientras los observa.

Él está ladeado con los pies hacia la izquierda, el codo apoyado en el sofá y la tablet delante.

Mia está junto a él y ha recogido las piernas hacia el lado opuesto, de modo que la cabeza de Noah casi está sobre su pierna.

Por un momento, siente una punzada de envidia sana porque jamás ha tenido una amiga o amigo con el que tenga este tipo de confianza; quizá si no hubiera sido excesivamente responsable su vida no estaría tan vacía como la siente, pero tampoco es una persona que se fustigue con eso, por lo que se limita a seguir adelante con lo que tiene.

Se dispone a tomar notas cuando Noah levanta la mirada.

—¿No prefieres una tablet , Erin? Puedo conseguirte una ahora mismo. La libreta es un poco... —el chico se detiene, sonrojado.

—¿Anticuada? —lo ayuda la doctora—. Yo me aclaro mejor con mis notas, aunque nadie más las entienda, así que no te preocupes, pero gracias, Noah.

—Pues entonces os cuento lo que hay programado —el asistente desbloquea la pantalla—.

Hoy, llegada y descanso. Mañana, ensayo de cinco a ocho de la tarde en el Scotiabank Arena.

El miércoles, día de prensa: dos entrevistas por la mañana, una sesión de fotos para una revista por la tarde.

¿Voy muy rápido? —se detiene, mirando a Erin.

—No, tranquilo, puedes seguir —responde ella, sin levantar la vista de su libreta mientras sigue anotando.

Mia la observa. La doctora se ha cambiado, lleva el mismo tipo de pantalón pero de otro color y una camiseta ancha que sigue dejando al descubierto esos brazos tonificados con los que se está obsesionando sin pretenderlo.

—El jueves, prueba de sonido a las cinco y concierto a las nueve. Volamos a Boston a media mañana del día siguiente.

Erin ha levantado la mirada al escuchar lo último. Le parece todo muy apretado, sin apenas tiempo de descanso, pero los dos amigos parecen acostumbrados a que su día a día sea así, por lo que decide no quejarse y tratar de asimilar lo que le espera.

—¿Ya está? —pregunta la doctora.

—Sí; el viernes nos reunimos otra vez y hablamos de los siguientes días. Es así como lo hacemos —explica el asistente.

—De acuerdo.

La doctora cierra la libreta cuando se da cuenta de que la reunión ha terminado y la única que debe irse es ella, porque Noah parece acomodado para quedarse un rato más con su amiga.

—Te tomo el pulso y os dejo —dice, acercándose a Mia.

La coge desprevenida y el pulso se le acelera cuando Erin se agacha frente a ella y le coge la muñeca con suavidad.

Mientras la doctora cuenta las pulsaciones mirando su reloj, los ojos de Mia se quedan quietos sobre ella y Noah observa a su amiga cuando concluye que no mira a la doctora Dooley como a las demás.

Erin parece despertar verdadera curiosidad en la cantante, y Noah no está seguro de si eso es bueno o complicará el trabajo de Erin.

—¿Está bien? —pregunta Noah cuando Erin registra el pulso de Mia en la libreta.

—Sí, un poco acelerada, pero dentro de lo normal. Pediré que te suban la cena a las siete —dice, mirando a Mia ahora—. Si no me dices lo que quieres, lo elegiré yo. Puedes cenar con Noah o con quien tú quieras, pero me pasaré más tarde para asegurarme de que has comido.

—Así que de verdad serás un incordio —murmura Mia con una sonrisa que no pretende ser seductora, pero que le sale sin querer y aprieta algo en el vientre de Erin que ella ignora con esfuerzo.

—Me temo que sí. Bebe al menos dos vasos de agua con la cena —dice antes de salir.

Mia deja caer la cabeza contra el sofá y Noah se incorpora de golpe.

—Es tu doctora, está aquí para ocuparse de tu problema, no de tus bragas.

La cantante coge un cojín y lo hace impactar contra él con fuerza.

—No te preocupes, me ha dejado claro que mis bragas no le interesan —responde con un mohín dramático.

Noah parpadea primero y después abre la boca para decir algo, pero una carcajada repentina se lo impide y su amiga termina contagiada.