31 Evangeline
TREINTA Y UNO
EVANGELINE
—Dios, Eve. No puedo creer que hayas pasado por todo eso. Suena como la clase de mierda que se ve en las películas. No se supone que esas cosas ocurran en la vida real —dice Cora.
—Dímelo a mí —murmuro, recostándome en una silla de jardín.
Estamos sentadas en medio del garaje cerrado.
Cora ha venido a ayudarme a revisar las cosas de Nana Jo en el garaje, pero en cuanto me ha visto, ha roto a llorar.
Y luego he roto a llorar yo. Y, en un santiamén, nos hemos convertido en un desastre lloroso y enredado de abrazos, llantos y declaraciones de amor.
Pero, al final, nos hemos sacudido la parte trasera de los pantalones cortos y nos hemos levantado del suelo de hormigón.
He cogido dos de las sillas de jardín de ganchillo que colgaban de unos ganchos en la pared del fondo del garaje.
Nana Jo las tenía desde que tengo uso de razón.
No me sorprendería que las hubiera hecho ella misma o que se las hubiera comprado a alguien del pueblo en alguno de los festivales.
Tienen un patrón abstracto y colorido de ganchillo.
Me recuerda un poco a uno de sus artistas favoritos.
Si la técnica del artista hubiera sido el hilo en lugar del óleo.
En un momento dado, Cora ha sacado incluso un par de botellas de cristal de refresco de la nevera exterior. Sinceramente, casi se me había olvidado que había algo ahí dentro. A excepción de los últimos días, he pasado el último mes en casa de Silas.
—¿Hay alguna razón por la que sigamos fuera? ¿Te escondes de alguno de tus novios? —entona la palabra «novios» canturreando y arruga la cara en una expresión graciosa.
—Sí, se supone que vas a ayudarme a revisar todo lo que hay aquí, ¿te acuerdas?
—Echo la cabeza hacia atrás, dejando que mi mirada recorra el techo con una risita.
El garaje de Nana Jo tiene las vigas a la vista para el almacenamiento, aunque ya no queda nada ahí arriba.
Pero recuerdo vagamente que el abuelo Dalton guardaba un kayak allí arriba cuando éramos más jóvenes.
Ella chasquea la lengua. Pensaba que era una estratagema por si alguno de tus novios estaba cerca o algo así.
Giro la cabeza hacia ella, arqueando una ceja. ¿Crees que necesito el permiso de mis hombres para que mi mejor amiga venga a mi casa?
Un tono rosado cubre la parte superior de sus pómulos y un lado de su boca se curva en una sonrisa burlona—.
Bueno, visto así... —Juguetea con la etiqueta de su Coca-Cola; el papel se deshace con demasiada facilidad ahora que está mojado.
Hace un calor de mil demonios aquí en verano, pero el garaje es lo bastante fresco si mantenemos la puerta cerrada—. Por cierto, ¿qué tal va eso?
—¿Qué tal va qué?
Agita la botella de cristal con naturalidad en el aire. —Ya sabes, lo de los tres polvos.
Me río, con un ruido seco y sorprendido que hace que su media sonrisa se convierta en una carcajada plena. Si me preguntas una vez más por el tamaño de sus penes, voy a ir a contárselo a Silas.
Gira los ojos y pone la voz odiosamente aguda. Oh, no, por favor, no le digas al motero aterrador que me preocupa de verdad que mi chica no esté viendo satisfechas sus necesidades.
—Te quiero muchísimo, de verdad. Así que créeme cuando te digo que a veces eres ridícula —le digo, con el afecto envolviendo cada palabra.
Me guiña un ojo y levanta su botella de cristal para brindar. Ya lo sé, cielo. Pero estás evitando la pregunta, y que sepas que me he dado cuenta.
—¿Qué? ¿Qué pregunta? —balbuceo entre risas.
Dios, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado desde que me reí así con alguien, pero especialmente con ella.
Nadie me hace reír como Cora. Es diferente del tipo de diversión que tengo con mis hombres o con Hunter.
O incluso del tipo de diversión que tenía con Nana Jo.
Se me llenan los ojos de lágrimas al verlo todo tan asombrosamente claro.
Lo he dicho antes, y estoy segura de que seguiré diciéndolo, pero Coraline Carter es la hermana que debería haber tenido.
Tenemos el tipo de relación que desearía haber tenido con mi hermana real.
Hay algo hermoso y desgarrador en todo esto.
Parpadeo varias veces, dispersando las lágrimas y ocultándolas tras mi propia botella.
—Ya sabes, eso de la gran familia feliz que tienes montado aquí —dice ella.
—No somos una gran familia feliz. No sin Hunter aquí —murmuro.
Su diversión se torna en algo más serio y sincero. Lo siento, Evangeline. Que hayas tenido que pasar por todo eso. Lo siento muchísimo. —Se estira y me agarra la mano con la suya.
—No es culpa tuya, no tienes por qué disculparte. —Niego con la cabeza, apretándole los dedos a mi vez. Y espero que sepas cuánto agradezco que hayas venido hoy.
—¡Bah! Jagger me dijo que Bane le dijo que tenía que dejarte unos días para que te instalaras. Y luego Jagger y yo intercambiamos unas palabras.
No me molesto en reprimir la risa mientras muevo las cejas. ¿Es eso una palabra en clave para vosotros dos o algo así?
Retira su mano de la mía y hace un perfecto movimiento de melena—. Por favor, ya quisiera ese hombre.
Se me suben las cejas hasta el nacimiento del pelo y le sonrío a mi prima—. Oh, apostaría mi casa a que sí.
Ella arquea las cejas sobre sus ojos marrones oscuros, del mismo color que los míos. Estás evitando la pregunta.
Pongo la mano sobre mi pecho. No estoy haciendo tal cosa. Simplemente estoy conversando con mi prima favorita sobre su hombre con el que va y viene, que resulta estar en el mismo club de moteros que mis hombres.
—No hay ningún «va». Jagger y yo no hemos estado juntos desde hace siglos. Prácticamente una vida entera en términos de citas.
—Mjm. Lo que tú digas. —Ni siquiera ella puede negar la química que tienen.
Yo no la he visto últimamente, pero Lincoln me dijo que fue testigo de ella hace unos días.
Dijo que era como si pudiera ver un hilo entrelazándolos a los dos, pero también dijo que no había dormido en días, así que supongo que es posible que estuviera alucinando.
—Como sea, ¿vamos a buscar tesoros o simplemente a pasar el rato?
Por cierto, me apunto a lo de pasar el rato.
Siento que no he hecho nada más que trabajar y preocuparme durante semanas.
De hecho, ven aquí. —Se inclina, acercando su cara a unos centímetros de la mía.
¿Ves esto? —Inclina la cabeza y señala el espacio entre sus cejas—. Esto es por ti.
Se me escapa una carcajada y entorno los ojos, intentando ver a qué se refiere. ¿Esa peca es por mí?
—No, no seas obtusa a propósito. Esa arruga es por ti. Por toda la maldita preocupación que pasé por ti.
—Te quiero, Cora, pero literalmente no hay ninguna arruga ahí. —Me recuesto con una sonrisa.
Se acomoda en su silla y cruza una pierna sobre la otra con un suspiro. Me voy a poner bótox y luego te voy a enviar la factura.
—Ya sabes que Nana Jo siempre decía que las líneas de expresión y las arrugas eran señal de una vida feliz —digo con parsimonia.
—¡Ajá! —Se incorpora, apoyando los pies en el suelo y señalándome con el dedo—. Sabía que tenía una arruga ahí.
Es tan ridícula que no puedo evitar tomarle el pelo.
Siento el corazón ligero y alegre, y desearía poder embotellar este sentimiento y descorcharlo cada vez que necesitara una dosis.
Estás preciosa exactamente como eres. Solo estoy bromeando, pero si quieres pasarme la factura del bótox, adelante, cielo.
De hecho, vayamos juntas. Voy a encontrar los lingotes de oro que Nana Jo enterró en el patio trasero, así que tendré dinero.
Ella se ríe mientras se relaja en su silla. Joder, ¿de verdad crees que hay lingotes de oro enterrados en el patio trasero?
Me encojo de hombros. No lo sé. Se me metió la idea en la cabeza y ahora no puedo dejar de pensar en ello. Pero no sé si es porque mi mente necesita aferrarse a algo normal o porque la idea tiene fundamento.
—Ya, te entiendo —dice en voz baja antes de terminarse el refresco.
Se pone en pie y lanza la botella hacia el contenedor de reciclaje como si fuera una canasta de baloncesto.
Como era de esperar, no cae ni cerca. Echa la cabeza hacia atrás con un fuerte gemido y camina pesadamente para recoger la botella del suelo.
—Tienes suerte de que no se haya roto, ¿sabes?
Se levanta y la tira al contenedor, haciendo una pausa mientras mira por la ventana. ¿No habías dicho que los chicos se habían ido?
—Sí, Nova y Bane se han ido a trabajar, pero Silas debería seguir aquí. ¿Qué pasa?
Me mira por encima del hombro lentamente—. Porque hay un coche oficial negro en la entrada.