Salvación (Rosewood 3) 20 Evangeline
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20 Evangeline

VEINTE

EVANGELINE

Bane acerca el coche al arcén y se detiene sobre el estrecho borde de grava. —¿De qué tío estás hablando?

La confusión me frunce el ceño y miro del coche a Bane. —¿Qué? ¿Por qué paras?

—Está bien, Evangeline. Solo son Nova y Silas detrás de nosotros. Pero esta conversación no ha terminado, ¿vale? Vamos a tener unas palabras muy serias sobre todo lo que ha pasado.

Asiento, porque yo también tengo mis propias preguntas que necesitan respuestas. Algunas que llegan con mucho retraso. Pero no tengo tiempo de decir nada más porque la puerta del copiloto se abre de un tirón al instante siguiente.

Me giro de golpe, el muffin se me cae del regazo y aterriza en la alfombrilla.

Nova St. James se queda en el hueco entre la puerta abierta y el coche, con los labios entreabiertos y los ojos muy abiertos.

Lleva el pelo hecho un desastre, como si se lo hubiera estado despeinando con las manos durante días, y su habitual sonrisa encantadora brilla por su ausencia.

Tiene las manos apoyadas en el techo del coche, agarrando el marco como si se fuera a caer si lo suelta.

—Evangeline —resopla, con la voz temblorosa de emoción—. Hay algo de falta de aire en él que nunca le he visto.

Me desabrocho el cinturón y me giro para encararle, pero se deja caer de rodillas sobre la grava del arcén antes de que pueda incorporarme.

Apoya los antebrazos en el borde del asiento, encerrando mis caderas, y apoya la frente en la parte superior de mis muslos.

Se me escapa un chillido de sorpresa, pero me trago cualquier palabra que fuera a decir cuando noto su aliento calentando mi piel con pequeños soplos.

—Cielo —murmura, frotando la frente de un lado a otro una vez. Deja escapar un suspiro profundo, como si no hubiera tomado una respiración completa en días, y algo dentro de mi pecho se resquebraja.

Pensaba que ya había llorado todas mis lágrimas, pero parece que todavía no he terminado.

Me inclino sobre él, la visión se me vuelve acuosa.

Recorro con los dedos los músculos duros de su espalda mientras intento pegarme aún más a él y ofrecerle todo el consuelo que pueda.

Nova se estremece contra mí, las manos le tiemblan donde agarran los lados de mis caderas.

Sus hombros suben y bajan con respiraciones irregulares, cada una un jadeo desgarrado que tira de algo muy profundo en mí.

—Nova —susurro, pasándole los dedos por el pelo en la nuca.

—Jesucristo, joder, cielo. Me has dado un puto susto de muerte —dice, con la voz amortiguada.

Me encojo, recordando con una claridad dolorosa cuántos días hace que no me ducho, cuánto tiempo llevo con este conjunto y todas las cosas por las que he pasado con él. Un tiroteo, un túnel secreto, un drogado, un accidente de coche, un campo embarrado, un coche robado.

El cansancio me tira de los miembros, una mezcla especial de agotamiento físico y emocional, y me cuesta mantenerme fuerte por él.

—Lo siento —murmuro—. Pero estoy bien. Estoy bien.

—Se siente como una especie de cambio de papeles.

Ni si quiera hace una hora, Bane me consolaba así.

Y ahora estoy haciendo lo mismo con Nova.

Echo un vistazo a mi derecha, de donde ha venido Nova, y me pregunto si Silas está aquí también. ¿O está con Hunter en alguna parte?

Me muerdo el labio inferior y me pregunto cómo irá esa conversación con él. ¿Nos consolaremos el uno al otro o volverá a helarme?

Nova gruñe y se arrima aún más a mí.

—¿Estás bien? —susurro, dibujando un amplio círculo con la palma sobre su espalda.

Alza la cabeza y me dedica una mirada incrédula con los ojos muy abiertos y enrojecidos.

—¿Que si estoy bien? Cariño, has estado desaparecida tres días.

Tres de los días más miserables de toda mi puta vida.

Y lo digo con todo el respeto de mi cuerpo, pero no se te vuelve a ocurrir dejarme nunca más, ¿vale?

Me importa una mierda si quieres viajar a Alaska y vivir en una de esas casitas de nieve que vimos en aquel documental.

Una risa me burbujea sin dudarlo. —Pero odias el frío.

—Aye —dice con un movimiento de cabeza lento. Tiene la cara despojada de su humor o encanto habituales—. Yo voy donde vayas tú, ¿sí?

Le paso los dedos por el pelo, observando cómo se le bajan los párpados de placer.

Casi espero que empiece a ronronear como una especie de felino salvaje domesticado.

—Te he oído. ¿Tú y Bane os habéis puesto de acuerdo con los discursos o qué?

Últimamente estoy recibiendo muchos grandes gestos.

No es que me queje. —La sonrisa se me escapa en forma de suave exhalación, un pequeño estallido de felicidad.

Nova emite un tarareo bajo, dejando que los ojos se le cierren del todo. —Nah, Bane solo intenta enganchar su carreta a mi tren.

La sonrisa se me ensancha ante su dicho mal encajado.

—Creo que lo tienes al revés, tío —dice Bane con humor en la voz.

—¿Estás intentando enganchar tu tren a mi carreta? —pregunta Nova, alzando una ceja. Me lanza un guiño, la comisura de la boca se le curva en una media sonrisa. De Nova te puedes fiar de que rompa su momento emocional con un poco de humor.

Bane suelta una risita. —¿Dónde está tu hermano?

La sonrisa de Nova se apaga un poco. —En el coche.

Algo oscuro me pellizca el pecho y vuelvo la vista al coche aparcado detrás de nosotros. Pero el ángulo es malísimo, y aunque no lo fuera, todas sus SUVs llevan un tinte especial en las ventanillas.

Me muerdo por dentro la mejilla. —Ah. ¿Por qué no está aquí fuera? ¿Está todo bien?

Se le alza un poco la comisura de la boca. —Me está dando un poco de intimidad.

Frunzo el ceño mientras recorro con la mirada el puente de su nariz. —Estamos en el arcén de una carretera.

—Y yo estoy justo aquí —dice Bane, arrastrando las palabras.

Nova se encoge de hombros, y veo cómo vuelve el brillo familiar a sus ojos mientras sostiene mi mirada. —Puede que le haya contado con todo lujo de detalles todas las maneras en las que voy a disfrutar de mi reencuentro con mi chica.

—Nuestra chica —gruñe Bane.

Me importa una mierda que los dos se estén poniendo posesivos y un poco ridículos porque es exactamente lo que necesitaba. Solo que, en vez de reírme como haría normalmente, lo que se me escapa es una risa llorosa.

El arrepentimiento se marca en las facciones de Nova a medida que su sonrisa se desvanece. —Joder, lo siento, cielo, no llores. Solo estaba de coña... no es que no quiera hacerte cosas innombrables, pero solo estaba tomándole el pelo a Silas. Porque se merece un poco de mierda, desde luego.

La mirada de Nova pasa por encima de mi hombro y estoy segura de que se está intercambiando una mirada cargada con Bane.

—Lo sé —digo con un hipido mientras las lágrimas se me van calmando—.

Es solo que... no sabía si iba a volver a veros, y yo...

—paro, apartándome las lágrimas con un manotazo cuando me llegan al borde de las pestañas—.

Ni siquiera sé por qué estoy llorando, salvo porque parece que no puedo parar ahora que he empezado.

—Está bien, cielo. Puedes llorar todo lo que necesites.

Puedes hacer lo que necesites. Solo dime qué puedo hacer para ayudarte.

—Cuando se acerca un poco más, mis rodillas se abren para hacerle hueco.

Su torso se apoya contra el interior de mis muslos, alineando nuestros cuerpos a la perfección.

Puedo sentir el calor que desprende su piel cuando se instala entre mis piernas.

En esta postura, nuestros rostros quedan a solo unos centímetros.

Puedo ver el ligero salpicado de pecas a lo largo de sus pómulos y las constelaciones de color ámbar incrustadas en el rico verde musgo de sus ojos.

Se me corta la respiración, y sé que la situación es un poco rara, pero creo que voy a tener que abrazar lo raro y simplemente lanzarme.

—Solo te necesito a ti —susurro con un sorbido. Es demasiado fácil perderse en la mirada de Nova. Donde Bane me hace sentir segura y protegida, Nova me hace sentir juguetona y valiente.

Sus manos aterrizan en mis caderas, un recordatorio suave pero posesivo. —Estoy aquí, Evangeline. Coge lo que necesites de mí. Es tuyo, ¿vale?

Me inclino hacia delante y tomo de él lo que necesito, sin importar dónde estoy ni quién más está aquí. Vamos a tener que pulir un montón de pequeños baches si queremos que funcione esta relación tan poco convencional entre todos nosotros. Y no hay mejor momento que el presente.

Hay una chispa cuando nuestros labios se juntan, una electricidad que me atraviesa el cuerpo al contacto.

Sus labios se mueven suaves contra los míos, con una familiaridad que remueve algo muy profundo en mí.

Como si mi alma estuviera exhalando y mi cuerpo se pusiera tieso y atento.

Es como volver a casa, pero de una manera distinta a cuando beso a Bane.

O a Silas, añade amablemente mi mente.

Puedo saborear la sal de las lágrimas secas en mis labios, y cuando él pasa la lengua por la unión de mi boca, estoy más que encantada de dejarle entrar.

Nuestras lenguas se enredan en un baile familiar que me pone la sangre en llamas.

Me deja llevar la iniciativa, contento con ser un participante activo.

Hundo las manos en su pelo y me dejo caer en su beso.

Un carraspeo desde arriba me hace apartarme y abrir los ojos parpadeando. Silas está de pie detrás de Nova, con las manos hundidas en los bolsillos y su ceño fruncido de marca registrada en sus labios llenos.

Me separo de Nova con un jadeo e intento, no sé, levantarme o algo.

Pero Nova no tiene intención de alejarse de mí en un buen rato.

De hecho, estoy bastante segura de que sus palmas acaban de deslizarse por la curva de mis caderas y meterse por debajo, así que está a medio camino de agarrarme el culo.

Estoy acalorada y sorprendida y, vale, un poco excitada por ese beso. Pero sobre todo, estoy tan jodidamente feliz de verlos aquí a todos, enteros.