10 Bane
DIEZ
BANE
Lizzie se mantiene firme, con la espalda tan recta que parece que se le fuera a romper.
—Ni siquiera se suponía que estuviera allí.
Hice que alguien la vigilara para asegurarme.
Había pasado tanto tiempo codeándose con esos moteros que habría salido bien.
—Las palabras brotan de su boca a toda prisa.
Coraline mueve los labios pero de ellos no sale sonido alguno, como si la incredulidad le hubiera robado la voz.
Yo no comparto su asombro. Sobre todo, siento una pena de mierda por mi chica.
Cómo cojones terminó siendo la mujer cariñosa y atenta que es habiendo nacido en un nido de víboras es uno de los mayores misterios del mundo.
Siento que me invade un nuevo aprecio por su resiliencia, y no puedo evitar preguntarme cómo va a reaccionar ante esta noticia sobre su hermana.
Dejo que mi mirada recorra el restaurante; tengo los nervios tan fritos que estoy en alerta máxima. —De momento, nada de esto encaja con el motivo por el que me has llamado.
—Ya —dice Lizzie, tragando saliva con dificultad—. A ver, Matty, mi amigo el de la gira, bueno, nos largamos con un par de bolsas llenas de cosas, pero Owen se fue por su cuenta y él, bueno, ya sabes. —Su mirada se desvía hacia un lado, como si de repente recordara ante quién está sentada.
Sí, ya lo sé de puto sobra. Owen es, al parecer, el nombre del cabrón al que disparé aquella noche.
Me dan ganas de desenterrar a ese pedazo de mierda solo para encontrar un par de formas creativas de castigarlo más.
Se fue de rositas. He oído suficientes pódcast de crímenes reales de Evangeline como para tener unas cuantas ideas que poner a prueba.
—Sí, supongo que ya lo sé. —Me echo hacia atrás en el asiento, con la mente procesando la revelación de que Lizzie había orquestado el robo contra su propia puta hermana. Tomo nota mental para informar a los chicos y que sepan de quién tienen que mantener alejada a Evangeline.
Aunque me parece un punto irrelevante, ya que no pienso perder de vista a mi chica en un buen tiempo.
Ella se aclara la garganta. —Para entonces, ya pasaba mucho tiempo con estos tipos.
Viven a unos cuantos pueblos de distancia, y yo estaba cabreada por lo del robo.
Muy cabreada, y puede que se me soltara un poco la lengua.
—Gira un anillo alrededor de su dedo corazón, dándole vueltas una y otra vez mientras clava la vista en un punto cualquiera de la pared, junto a nosotros—.
Y puede que mencionara que mi hermana estaba liada con una banda de moteros.
No sabía que uno de los tíos que estaba en casa de Matty también estaba en una banda.
Una rival, supongo. No tenía forma de saberlo.
—Murmura esto último, más como si intentara absolverse con sus mierdas de justificaciones.
Se me encoge el estómago; un pavor parecido a la leche agria me envía llamaradas de náuseas por la garganta. Si los Savages o los Hounds se han llevado a Evangeline... ni siquiera puedo dejar que mi mente vaya por ahí. Todavía no.
—¿Debo esperar una llamada de rescate, entonces? ¿Es eso lo que me estás diciendo?
—No, no sé nada de un secuestro. Te estaba advirtiendo sobre el ataque al recinto. Sabía que irían a por ella. Una vez que descubrieron quién era para ti, no pude disuadirlos. Estaban obsesionados con vengarse. Y yo... yo intentaba hacer lo correcto.
—¿Lo correcto? ¿Es una puta broma, Lizzie? —se burla Coraline.
—La gente cambia, Cora —dice Lizzie con una mueca de desprecio.
—Mis amigos y mis seres queridos me llaman Cora, y tú no eres ninguna de las dos cosas, Lizzie. Así que para ti soy Coraline o la señorita Carter.
Mi mirada rebota entre las dos mujeres mientras se lanzan pullas unas cuantas veces. Y de repente, se vuelve asombrosamente claro de qué se trata esto. Esto es una puta manipulación.
Hay algo de verdad detrás de su historia, claro, pero esto no es un intercambio de información ni una advertencia sobre Evangeline.
Si de verdad nos hubiera llamado para avisar antes, lo habría hecho horas antes de que asaltaran el recinto.
Las cosas se le han torcido y ahora intenta nadar entre dos aguas, jugar a dos bandas.
Y lo peor es que mi chica es tan buena, tiene un corazón tan noble, que ayudaría a Lizzie incluso cuando no se lo merece.
Afortunadamente me tiene a mí, y yo no me guío por esos impulsos.
—¿Y esperas que yo qué, que te solucione esto?
—Ayudaste a mi hermana —dice, logrando de algún modo mirarme por encima del hombro.
Golpeteo el borde del sobre de azúcar contra la mesa, girándolo para que cada lado toque la superficie una vez. —Tú no eres Evangeline.
Ella golpea la mesa con la palma de la mano, haciendo que los cubiertos tintineen junto a su café intacto.
—Estoy harta de que todo el mundo me diga que no soy mi hermana.
—Expulsa un suspiro, inflando las mejillas como si estuviera tratando de encontrar la calma—.
Pero ella no es mejor que yo, y no es justo que ella reciba tanto cuando yo recibo tan poco.
Coraline se pone de pie de un salto, inclinándose hacia delante y echando chispas frente a la cara de Lizzie. —Eres una persona increíblemente despreciable, y cada vez que pienso que no puedes ser tan terrible como recuerdo, me demuestras que me equivoco. No te mereces a Eve. Nunca lo has hecho.
Yo me levanto y me quedo junto al codo de Coraline. La energía que desprende es volátil e impredecible, y por cómo está vibrando de rabia, medio espero que le suelte un puñetazo a Lizzie. Se lo debo a mi chica: asegurarme de que su prima favorita no acabe en la cárcel por agresión.
Suelto un billete de veinte sobre la mesa. No hemos pedido nada, pero hoy hemos ocupado sitio en su local. Y si la conversación hubiera ido por otro camino, habríamos pedido algo.
Coraline sale furiosa del local sin decir una palabra más, y llego a dar dos pasos antes de que la mano de Lizzie se aferre a mi antebrazo. Fulmino con la mirada esos dedos ofensivos y ella los retira de inmediato.
—Por favor, ayúdame, Bane.
Una ola de calma forzada me recorre mientras la ignoro y sigo a Coraline fuera del restaurante, asegurándome de que entra en su coche a salvo. Saco el móvil del bolsillo y llamo a Diesel, vicepresidente de los Blue Knights, mientras camino por el aparcamiento hacia donde tengo la moto.
—¿Diga?
—Soy Bane.
Él suspira, y el sonido resuena ruidoso en mi oído. —Mira, tío, ya me disculpé por lo de la vigilancia de la semana pasada. Recibimos mala información o, joder, no sé, la chica probablemente se zafó del seguimiento. Al parecer, es muy espabilada. Se ha esfumado y...
—Me importa una mierda lo del favor que os hicimos por vuestra zona —lo interrumpo.
Él gruñe. —Vale. ¿Por qué no me dices entonces por qué me llamas?
—Necesito que estés atento a lo que se cuece.
—¿Qué ha pasado? —pregunta, y el ruido de fondo disminuye como si se hubiera movido a otra habitación.
—Estatura uno sesenta y dos, pelo negro, ojos marrones, veintipocos. Se la vio por última vez con unos pantalones cortos vaqueros y una camiseta. Evangeline Carter.
—¿No será por casualidad la misma Evangeline Carter que calienta el asiento trasero de tu moto, la cama de tu primo y que vive con tu presidente, ¿eh?
Me quedo quieto, como si alguien le hubiera dado a la pausa a mi cuerpo. Tengo que obligarme a exhalar mientras mi mirada escanea el horizonte. —¿De dónde has sacado esa información?
No es que lo estemos manteniendo en secreto, pero tampoco es que lo estemos pregonando.
Estamos haciendo las cosas a nuestra manera, y me parece muy interesante oír que Diesel lo sabe.
O joder, quizá Nova soltó alguna indirecta a Grizz en la salida que hicimos por allí.
Ese capullo siempre está dándole a la lengua.
—No es nada personal, Bane. Mi trabajo consiste en enterarme de las cosas.
Mi mente da vueltas, preocupada por si ahora tengo que guardarme las espaldas de los Blue Knights. El tablero se está llenando, y en un momento en que los enemigos se disfrazan de aliados, me preocupa que no podamos permitirnos otro error.
—Nos conocemos desde hace mucho tiempo, Marcus. —Es una advertencia sutil.
Él se ríe. —¿Estás intentando llamarme por mi nombre real, tío?
—¿Hace falta que lo haga? —Dejo que la amenaza quede suspendida en el aire.
—No, tío, no hace falta. Un favor es un favor. Correré la voz y te diré lo que oiga.
—Con precaución, ¿vale? No queremos asustarlo.
—No tenemos ni idea de quién se la llevó, lo que significa que no podemos predecir cómo actuará.
Y lo último que quiero es empujarlo a hacer algo irreversible—.
Parece que los Savage Souls y los Hell Hounds están trabajando juntos, así que es posible que haya otros clubes implicados en esto.
—¿Crees que es un ataque personal?
Me paso la lengua por la parte posterior de los dientes, ganando unos segundos para responder. —El próximo Hound o Savage que vea se lleva una bala primero, sin preguntas.
Él suelta una risita. —Entendido. No es mi primera vez en esto, Bane. Estaremos en contacto.
Diesel termina la llamada, y tengo que esperar a que oiga algo pronto.
Solo hace unas horas que se la han llevado, y puedo sentir el peso del tiempo presionándome como una manta de cincuenta kilos.
Desde que tengo memoria, mi mundo ha estado envuelto en tinieblas.
Pero entonces llegó ella, un faro de luz que atravesó las sombras.
Y me niego a pasar un solo momento más sin ella.
Haré lo que haga falta para encontrarla, y una vez que lo haga, no volveré a dejarla marchar jamás.