Salvación, camino y otras mentiras OTOÑO
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OTOÑO

Hoy es el gran día y yo estoy como una niña con zapatos nuevos.

Ha pasado casi un año desde que una psicópata puso mi vida patas arriba, pero me siento agradecida de la sacudida que recibí.

Ahora vivo el presente, saboreando cada momento, incluso los menos buenos, porque he entendido que todo forma parte de vivir.

Este verano estuve en otra boda, la de Sergio y Vanessa.

Como dicen mis hijos, somos los divorciados mejor avenidos del mundo.

Ella es una mujer maravillosa y él es tan feliz…

, solemos juntarnos siempre que podemos.

Somos una extraña familia feliz. La relación con mis hijos está en su mejor momento.

Su distancia y apatía solo era el reflejo de la nuestra.

Ahora sus padres son felices y ellos también.

Acabo de vestirme para la boda. Ni en un millón de años hubiese pensado que sería la dama de honor de Jimena, pero así es el amor, aparece donde y cuando menos lo esperas.

La muerte de Olga dejó un hueco importante en la unidad y cuando le ofrecieron el puesto no le costó mucho aceptarlo.

No quería dejarme sola, pero yo aún no podía irme.

Mi madre murió en mayo. Los médicos dijeron que había sido muy rápido, supongo que el concepto del tiempo es relativo.

Mi padre decidió quedarse allí a vivir, decía que volver a casa sin mi madre le resultaba insoportable y que, al menos, ahí había hecho amigos con los que entretenerse.

Yo voy a verlo siempre que puedo y salimos a pasear, mientras le cuento en qué estoy trabajando.

Para él es como una historia de la tele.

En junio acepté el puesto que me ofrecieron en la policía judicial.

Durán decidió seguir mis pasos, Anita no.

La echamos de menos, pero me consta que está haciendo un trabajo fantástico como inspectora.

Su historia con Durán no cuajó, como siempre dice él: no basta con desear y querer a alguien, si no eres compatible, no lo eres y punto.

Así que ahora vivimos en Madrid. Mis hijos están encantados con la idea de tener pisito en la capital y vienen casi todos los fines de semana.

Yo a veces echo de menos el olor a mar, pero lo compenso cada vez que voy a Barcelona.

En cuanto a Diego, cada uno sigue viviendo en su piso, pero ya hemos empezado o hablar de lo absurdo que es mantener dos viviendas cuando una siempre está vacía.

Me sigue encantando despertarlo a besos.

Probablemente nunca he sido tan feliz, pero no por Diego, ni por mi trabajo, ni por nada que venga de fuera, sino porque cada vez que me miro en el espejo no veo a una extraña, solo soy yo, en esencia pura.

Mientras pienso todo esto, me doy cuenta de que aún no ha llegado y la boda está a punto de empezar.

Está echando una mano al equipo de desaparecidos, pero llega tarde.

Me quedo embobada al ver entrar a Jimena, está sencillamente preciosa y su cara irradia felicidad. Ali la mira como si una diosa acabase de bajar del cielo. No quiero llorar, pero estoy a puntito. En ese momento, Diego me abraza por la espalda.

—Casi te lo pierdes. —Lo beso, pero algo en su cara me dice que no va todo bien—. ¿Qué pasa?

—Han encontrado los cadáveres de las dos chicas desaparecidas.

—Vaya, lo siento mucho.

—Eso no es lo peor, que ya de por sí es una mierda. Esta mañana han desaparecido otras dos, de la misma edad. Nos pasan el caso, creen que es un asesino en serie y si repite el patrón solo tenemos una semana.

Suspiro e intento centrarme en la boda de mi amiga. Hoy es su gran día y no pienso estropeárselo por nada del mundo. Pero mañana estaremos preparados para comenzar una nueva batalla, un nuevo camino.