Sal amarga CAPÍTULO 166
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CAPÍTULO 166

Íñigo Casamayor llevó dos cajas, una maleta, una caja de herramientas y una lámpara de pie horrorosa que Nadia aceptó porque venía con él.

Alba, diez años, inspeccionó la casa entera y dictó sentencia:

—Falta un sofá bueno.

—Falta todo —dijo Nadia—. Es lo divertido.

Por la noche, cuando la niña se durmió en la habitación pequeña, se quedaron los dos en la cocina con el cierzo golpeando la persiana, y Nadia se dio cuenta de que aquel ruido, que había odiado catorce años, se había convertido en el ruido de estar en casa.