Sal amarga CAPÍTULO 159
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CAPÍTULO 159

—Estaba a veinte metros de mi casa de las fiestas —dijo—. Toda la vida. A veinte metros.

—¿Quiere sentarse?

—No, hija. —Se enderezó la boina—. Llevo setenta años de pie con esto. No voy a sentarme ahora que se ha arreglado.