Sal amarga CAPÍTULO 158
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CAPÍTULO 158

Un año después del crimen, quince ataúdes de madera clara bajaron por la calle Mayor.

Los llevaron a hombro los nietos y los bisnietos, y detrás iba media comarca, y detrás de todos, la banda de Codo tocando muy despacio.

En el cementerio nuevo se había hecho un panteón de alabastro de Valdealjez, restaurado por el taller de Chelo Zaporta sin cobrar un euro.

Los nombres estaban tallados en dos columnas. Quince. Y encima, una sola línea.

«No hubo ningún hundimiento».