Sal amarga CAPÍTULO 152
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CAPÍTULO 152

El acusado declaró el último día, como era su derecho, y estuvo tres horas.

Habló bien. Habló de sus cuatrocientos empleados, de su abuelo que llegó a Bujaraloz con una mula, de la España que no debía juzgarse con los ojos de hoy, de la responsabilidad de crear riqueza en una comarca que pierde población.

Y al final le hicieron la única pregunta que importaba.

—No.

Fue la única vez en tres horas que se quedó corto.