CAPÍTULO 147
Herminia Sancho declaró con la bata puesta debajo de la chaqueta porque venía de trabajar.
—¿Puede afirmar que la víctima se ahogó en esa laguna y no en el río?
—Puedo afirmar que el agua que tenía dentro de la cabeza tenía sesenta veces más sal que el Ebro y bichos que en el Ebro no viven.
—¿Y no pudo esa agua entrar después de morir?
—Los senos paranasales de un muerto no aspiran, señor letrado. —Herminia se ajustó las gafas—. Aspirar es cosa de vivos. Por desgracia.