CAPÍTULO 128
—Yo conduje. Él iba detrás con el historiador. Me dijo: a la salada. Yo pensé que era para asustarlo. Se lo juro por mi madre, yo pensé que era para asustarlo.
—Y en la salada.
—En la salada me dijo que parase el coche mirando al otro lado. Y yo paré el coche mirando al otro lado.
Aurelio se tapó la cara con las dos manos, grandes y agrietadas, y estuvo así casi un minuto.
—Y oí el agua —dijo—. Nada más. Sólo oí el agua.