Sal amarga CAPÍTULO 125
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CAPÍTULO 125

Aurelio Ibort llevaba veintidós días preso y había perdido siete kilos.

—Esto es lo que había en el pozo que usted hormigonó. Y esto es lo que había en la casa donde usted ha comido en las fiestas.

Aurelio miró las fotos mucho tiempo.

—Mi abuelo estuvo en la colonia —dijo por fin—. Catorce meses. Picando en esa cantera.

—Lo sé.

—Yo no lo sabía. —Se le quebró la voz—. Hasta el domingo pasado no lo sabía.