Sal amarga CAPÍTULO 123
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CAPÍTULO 123

—Yo lo saqué del agua —dijo el viejo de pronto—. A él. Lo saqué yo del galacho.

—Lo encontró usted.

—Lo encontré yo en el sitio donde yo pesco desde el sesenta y ocho. —Miró el río, que no se veía desde el corral pero que estaba ahí—. Dígame usted si eso es casualidad.

Nadia pensó la respuesta con cuidado, porque le pareció que aquel hombre merecía una verdad y no un consuelo.

—Es casualidad —dijo—. Pero es de las que hacen que la gente crea en cosas.