CAPÍTULO 122
Ezequiel Bailo escuchó sentado en una silla de anea, en el corral, con el perro pegado a la bota.
—Mi padre lo buscó hasta que se murió —dijo—. Y mi abuela decía que estaba en Francia. Todos estaban en Francia, señora. Este país estuvo treinta años lleno de gente que estaba en Francia.
—Don Ezequiel, ¿usted conocía a Elías Monterde?
—Vino en abril. Estuvo dos horas y me sacó una muestra de saliva con un bastoncillo. —Se pasó la mano por la cara—. Me dijo: don Ezequiel, esto tarda. Y yo le dije: llevo setenta años, ya tengo costumbre.