Sal amarga CAPÍTULO 117
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CAPÍTULO 117

Abrieron el muro con radial y cincel, por capas, con dos arqueólogos y un fotógrafo, y a las diez y cuarenta apareció el primer hueso: la cabeza de un fémur, apoyada en vertical.

Estaba de pie.

Lo habían metido de pie, en un hueco de setenta por sesenta, con las rodillas dobladas y la barbilla en el pecho, y le habían echado hormigón alrededor hasta la altura del hombro.

Nadia salió a la calle a respirar y estuvo cinco minutos mirando el rombo de alabastro del dintel sin verlo.