CAPÍTULO 116
La jueza autorizó la entrada y un estudio con georradar antes de tocar un solo ladrillo.
El técnico pasó la antena por el suelo y por los muros durante cuatro horas, en malla de veinte centímetros, y a la una del mediodía puso el ordenador sobre la mesa de la cocina.
—Aquí —dijo—. En el muro de carga del zaguán, entre el hueco de la puerta y la esquina. Hay un volumen de hormigón de setenta centímetros de ancho y uno noventa de alto, embutido en fábrica de ladrillo. Y dentro hay una anomalía.
—¿Una anomalía?
—Una cavidad con contenido de distinta constante dieléctrica. En lenguaje de policía: algo que no es piedra.