Sal amarga CAPÍTULO 62
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CAPÍTULO 62

Corrieron ocho kilómetros por la ribera sin haber quedado exactamente para eso.

—Yo pensaba que los policías no hacían deporte —dijo Casamayor, resoplando.

—Y yo que los geólogos no corrían.

—Los geólogos andamos. Es distinto.

Se sentaron en un banco frente al azud y estuvieron un rato sin decir nada, mirando el agua verde.

—¿Puedo preguntarte una cosa que no es del caso? —dijo él.

—Puedes preguntar.

—¿Duermes?

Nadia se rió, y le sorprendió el sonido de su propia risa.

—No desde 2014.