Sal amarga CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

La magistrada tenía cincuenta años y hablaba despacio, como si cobrara por palabra.

—Me pide entrada y registro en once mil hectáreas.

—Le pido entrada en una parcela y en una cavidad, señoría. Y el volcado de los teléfonos de dos personas.

—Le doy la parcela y la cavidad. Los teléfonos, cuando me traiga algo que los una. —Firmó—. Y una advertencia, inspectora: esa empresa tiene abogados que cobran por hora lo que usted en un mes. No me deje un cabo suelto.