CAPÍTULO 32
El pueblo nuevo era ordenado, blanco, con calles rectas y árboles jóvenes, y no tenía ninguna culpa de nada.
—Yo nací en un pueblo así —dijo Nadia—. Tauste. Nunca pensé en quién puso los ladrillos.
—Nadie piensa. Es lo cómodo de los ladrillos.
Ella lo miró de lado.
—¿Usted por qué se metió en esto? Es hidrogeólogo. Podía quedarse con sus lagunas.
Casamayor tardó.
—Porque mi bisabuelo estuvo en la colonia catorce meses —dijo—. Y en casa nunca se habló de eso. Nunca. Ni una vez.