CAPÍTULO 16
El paisaje se abrió y Nadia dejó de hablar.
Una llanura pelada, del color del pan mal cocido, y en medio, hundidas como platos rotos, las saladas: fondos blancos, costras de sal, un agua que no era agua sino un espejo pesado.
—Endorreicas —dijo Casamayor—. No tienen salida. Llueve poco y evapora mucho, así que la sal se concentra. En verano se secan y quedan como un salero. En octubre, con las tormentas de septiembre, algunas tienen un palmo.
—Un palmo basta.
—Un palmo basta, sí.