Sal amarga CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Íñigo Casamayor Ollés era alto, de manos grandes, con el pelo entrecano cortado por él mismo y una camioneta con más polvo dentro que fuera. Cuarenta y dos años. En el asiento del copiloto había una mochila infantil de color mostaza.

—Mi hija —dijo, apartándola—. Alba. Está en Zaragoza con su madre esta semana.

—No he preguntado.

—Lo ha mirado.

Nadia decidió no discutir el primer día.

—Necesito saber si un hombre pudo ahogarse en una de sus lagunas.

Casamayor arrancó la camioneta.

—Puede ahogarse en veinte centímetros de agua si alguien no le deja levantarse. Lo difícil no es eso. Lo difícil es saber en cuál.