Sal amarga
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CAPÍTULO 1
El perro se detuvo antes que él.
Entre las eneas, medio varado en el limo, había un hombre boca abajo, con la camisa arremangada en un codo y un zapato puesto.
—Un ahogado —dijo—. En el galacho. Y no lleva ni un día en el agua, se lo digo yo.