Saga Sin Reglas Capítulo 52
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Capítulo 52

Ewan

La reunión se alargó hasta última hora de la tarde, y eso me impidió acorralar a Gia antes de que abandonase el bufete. Me hubiese gustado invitarla a cenar o a tomar algo. O incluso a venir a casa y pasar la noche juntos.

Pero ella ya se había ido cuando dejé el despacho, con un ligero dolor de cabeza.

Recogí mis cosas y bajé en el ascensor, planteándome la posibilidad de llamarla por teléfono. A lo mejor me lo cogía. O quizás seguía evitándome.

La recepcionista, Mia, una chica simpática y siempre sonriente, estaba encogida detrás de su mostrador, murmurando algo en voz baja a uno de los abogados junior, con los ojos bien abiertos y una expresión tan tensa que me hizo frenar en seco.

Algo no andaba bien si se dedicaban a cuchichear en lugar de ir recogiendo para cerrar.

—¿Todo bien? —pregunté, cruzando el vestíbulo con el ceño fruncido.

Mia me miró… y me fijé en que su rostro estaba pálido.

—Señor Langley... no estoy segura de si debería decirlo, pero... creo que alguien se llevó a Gia.

Frené en seco, como si alguien me hubiese golpeado a la altura del estómago.

—¿Qué? ¿A qué te refieres con esto, Mia? ¿Quién se ha llevado a Gia?

Ella se apresuró a explicar:

—Hace media hora, más o menos, uno de los chicos de contabilidad me dijo que vio a una mujer que parecía Gia discutiendo con un hombre cerca del aparcamiento.

Dijeron que él la obligó a subir a su coche.

Creyeron que era su pareja y no quisieron intervenir...

Pero no sé, es todo muy raro. Ella siempre me ha dicho que estaba soltera.

No escuch nada más, porque la sangre me zumbaba en los oídos

—¿Quién era el hombre? ¿Lo vieron bien? —exigí, con un tono tan áspero que Mia se encogió en su asiento.

—No... solo dijeron que era alto, delgado. Llevaba una chaqueta oscura. Parecía alterado, eso sí. También tenía una cicatriz en la ceja.

Jonas.

Tenía que ser él. Ese hijo de puta se había atrevido a molestar a Gia, y delante de mi bufete.

Cabrón, pensé, y saqué el móvil para llamar a Gia.

No respondió. Tampoco la segunda ni la tercera vez.

—Mierda... —murmuré, apretando los dientes del miedo y la rabia—. ¿Tienes más información? ¿Dónde estaba el coche? ¿Una matrícula? —le ladré a Mia.

La pobre me miraba a punto de echarse a llorar, pero no tenía tiempo de tranquilizarme.

—Solo sabeos que era oscuro... Lo siento, yo no lo vi directamente... Solo desde lejos…

No era su culpa, joder. Mia no tenía responsabilidad alguna de lo que había hecho Jonas.

—Si Gia aparece por aquí, dile que me espere. ¡Y llámame!

—Sí, señor Langley —balbuceó Mia.

Un dolor ácido me subía por el pecho.No, joder. No iba a perderla. Gia no se merecía ninguna represalia por algo que yo le exigía llevar a cabo. Ella era inocente.

Salí disparado del edificio y me subí a la moto, dispuesto a ir a casa de Gia, por si acaso habían ido allí.

Si Jonas le había hecho algo, por pequeño que fuera, me encargaría de que no volviese a estar a salvo en Londres en su puta vida.