Saga Sin Reglas Capítulo 50
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Capítulo 50

Ewan

Abrí la puerta del despacho y vi a Gena y Kenji ya sentados en la mesa de reuniones. Gena revisaba su tablet de manera frenética, Kenji hojeaba su cuaderno de notas con la misma calma meticulosa de siempre, pero los dos levantaron la vista en cuanto entré.

—¿Has conseguido algo de valor? —preguntó Gena, sin rodeos.

Saqué el USB del bolsillo interior de mi chaqueta. Lo coloqué sobre la mesa como si fuese el santo grial.

—Lo tengo todo —dije—. Correos. Transferencias.

Conversaciones. Fechas. Cantidades que fueron transferidas a uno de los empleados de la clínica.

Jonas aceptó sobornos para encubrir negligencias médicas.

Lo hizo durante dos años. Hay pruebas claras de que lo sabían y siguieron operando igual.

Incluso cuando murió gente, no se detuvieron; sino que continuaron callando bocas hasta que el pastel se descubrió.

Kenji dejó de tomar notas.

Gena se inclinó hacia adelante, pálida como la tiza.

—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó, aturullada—. Es… demasiado. Con eso podemos conseguir que esos hijos de puta vayan a la cárcel.

—Gia —respondí. No había más que añadir. Ni quería hacerlo.

Gena asintió lentamente, comprensiva.

—Entonces es oficial —dijo mi amiga—. Tenemos todo lo necesario para presionar a Jonas. Y si él canta, se acabó el juego para los médicos que firmaron esas atrocidades.

Kenji intervino por primera vez en la conversación.

—Deberíamos contactar con las familias cuanto antes.

Con esto sobre la mesa, pueden decidir si quieren unirse a la denuncia colectiva y dejar de tener miedo.

Sin pruebas sólidas estaban asustadas, por lo que pudieran hacerles.

Ahora pueden ver que no están solas y que nuestro bufete los respaldará todo el tiempo.

—Podemos ofrecerles protección legal, asesoría, respaldo mediático si hace falta —añadí, cabeceando en señal de asentimiento—. Pero hay que moverse rápido. Si Jonas sospecha que vamos a por él, puede destruir el resto de los archivos. O avisar a los otros y jodernos el plan.

Gena suspiró.

—Jonas está contra las cuerdas. Ya no puede escapar, por más que lo intente. Lo vamos a presionar hasta que colapse, y lo convertiremos en nuestro mejor testigo.

Kenji cerró su libreta con un clic sordo.

—¿Y después?

—Después —dije, mirando el USB como si me ardiera en la mano— haremos que todo el mundo se entere de lo que pasó en la Clínica Anderson y de lo peligroso que es confiar en un puñado de charlatanes.

Gena y Kenji se miraron, y yo sentí que todos buscábamos lo mismo.

Ellos me habían acompañado durante el largo camino que había puesto aquella denuncia, y me sentía muy agradecido por eso. También asustado. No quería que les ocurriera nada, ni a mi bufete. Pero si no llegaba hasta el final, cada uno de nuestros sacrificios no valdría la pena.

Hasta Gia se había expuesto a cometer ilegalidades para conseguir la información que Jonas guardaba. Y aunque me costaría que me perdonase, le demostraría que fue muy valiente y que estaba muy agradecido con ella por todo lo que hizo.

Haríamos justicia al fin.