Capítulo 43
Ewan
La voz de Gena era inconfundible. Sería capaz de reconocerla a kilómetros de distancia.
—Tengo noticias —dijo sin saludar siquiera, una vez entró a mi despacho, lanzando una carpeta sobre la mesa—. Y son jodidamente buenas. ¡Increíbles!
Kenji alzó una ceja, porque de pronto estábamos celebrando algo justo después de hablar de uno de los casos más mediáticos que nos traíamos entre manos últimamente.
—¿De verdad son buenas? ¿O estás jugando con nuestras ilusiones? —preguntó mi amigo, algo escéptico.
Con Gena uno nunca sabía qué pensar.
—Qué listillo. Me encantaría ponerte en tu sitio, amore, pero por el momento me voy a conformar con decirte lo buena que soy trabajando —replicó ella, con una media sonrisa orgullosa—.
Hablé con las cuatro familias afectadas.
Me costó un montón, claro. Una de ellas ni siquiera vive en el país ya.
Pero les contacté a través de Facebook y accedieron a tener una videollamada conmigo.
Y todos coinciden en algo: los procedimientos en la Clínica Anderson nunca fueron informados como debían.
Se firmaban consentimientos falsos y los hacían pasar por válidos.
Algunos pacientes fueron sedados sin explicación, otros recibían una dosis doble de la terapia experimental, algunos debían donar sangre a la fuerza…
Sentí el golpe en el estómago. Recordaba a la perfección todas las tardes que pasamos cuidando de Noah, mientras los enfermeros entraban y salían, colocándole medicamentos por vía intravenosa. Medicamentos sin etiquetas, pero que ellos insistían en que ayudarían a sanar a Noah.
—¿Estás segura de que todo eso pasó? —pregunté, más por asegurarme de que era real que porque desconfiase.
—Las tres familias vivieron cosas muy parecidas. Hasta una de ellas recuerda a Jonas —explicó Gena—. Era el enfermero que siempre se encargaba de suministrar los medicamentos por la mañana. Cuando le preguntaba, nombraba cosas al azar, y nunca coincidía dos veces.
El nudo en mi estómago se intensificó.
—Anderson salió impune de un caso de negligencia médica hace diez años, en Alemania. Al parecer lo absolvieron de todos los cargos por falta de pruebas. Pero ahora… —Gena cogió aire en una gran bocanada—. ¡Ahora por fin lo tenemos cogido por los huevos!
—Y tú —dijo Kenji, alzando la mirada hacia mí—, ¿qué tienes? Porque con el testimonio de las familias y las pruebas adecuadas… podríamos tumbar a ese hijo de puta.
—Gia habló con Jonas. No ha confesado del todo, pero dijo que hubo “movidas” entre los médicos. Algo grave. Sabe más de lo que dice, y ya está a punto de caramelo.
Gena sonrió, satisfecha.
—Entonces tenemos las piezas claves: las familias, el patrón de conducta, y un testigo que solo necesita un empujón más para que nos dé todo lo que necesitamos.
—Sí —murmuré, dejando caer las manos sobre el escritorio—. Por fin se hará justicia.
Nadie dijo nada durante unos segundos, pero el aire en la sala cambió. Todos estábamos emocionados por el rumbo que tomaba la investigación después de tanto tiempo sin recibir buenas noticias.
—¿Estás bien? —preguntó Kenji—. Deberías estar dando saltos de alegría.
—Estoy bien —mentí. Y después de un segundo, añadí—: Estoy feliz. Jodidamente feliz de este avance.
Y asustado, pensé. Pero eso me lo guardé para mí.
—¿Las familias están dispuestas a hablar en un juicio?
—Sí. Todas.
—Bien. Solo necesitamos descubrir dónde guardan el dinero y todo lo que tiene Jonas debajo de la alfombra. En cuanto consigamos las piezas, podremos empezar la partida.
Gena se dejó caer en el sillón, junto a Kenji, satisfecha por todo lo que había conseguido en tiempo récord.
Solo necesitábamos mantener la buena racha un poco más… y ganaríamos.