Capítulo 23
Gia
Jonas estaba en la terraza, con una copa de vino en la mano. La fiesta ya se había relajado, la música bajaba poco a poco y la gente empezaba a irse. Justo el momento ideal para mi escena, porque nadie nos interrumpiría después de todo el dinero que se había recaudado.
—¿Puedo unirme o necesitas el balcón para tus dramas existenciales en solitario? —pregunté, con una sonrisa ladeada mientras me apoyaba en la barandilla.
Jonas se giró y me miró. Otra vez esa mirada. Como si no pudiera creerse que yo estuviera allí. Como si llevar ese disfraz fuera un acto de guerra.
—Gia... Estás... joder. Es que no me acostumbro. Estás impresionante.
—Gracias. No puedo decir lo mismo de tu disfraz, pero aprecio el esfuerzo —le guiñé un ojo y tomé un sorbo de la copa que había cogido antes. La boca me ardía por decir tantas mentiras—. ¿Estás disfrutando de la fiesta?
—Ahora que estás aquí, sí.
Vale. Hora de soltar la bomba.
—He venido con alguien —dije de forma casual, mirando al frente como si no significara nada—. Bueno, me ha traído en moto. Un poco cliché todo, lo sé. Pero ha sido divertido.
Lo cual no era cierto, porque Ewan vino un poquito más tarde a la fiesta. Pero él no tenía por qué saberlo.
—¿Alguien? ¿Quién?
Me giré un poco hacia él, dejando que la luz tenue le diera a mi escote la atención suficiente sin parecer forzada.
—Mi jefe. Ewan. Creo que te hablé de él un par de veces por mensaje.
Jonas se tensó. No mucho, pero lo suficiente para que yo lo notara. Un cambio leve en su postura, como si algo le hubiese mordido el ego.
—¿Estás saliendo con él? —gruñó.
—¿Te importa? —respondí, con una sonrisita afilada.
Jonas no respondió de inmediato. Se limitó a beber de su copa y mirarme con esos ojos grandes que solían decir demasiado cuando no hablaba.
—No. Solo me sorprende.
—¿Por qué?
—Porque... no sé. Tú y yo... Nunca cerramos del todo, ¿no? Por eso estás aquí, Gia. Por eso hemos vuelto a hablar.
Me hice la sorprendida. Me incliné un poco hacia él, como si necesitara escucharlo mejor, cuando en realidad solo quería que notara mi perfume.
—¿A qué te refieres?
—A que siempre hubo algo entre nosotros, aunque la cagáramos.
Me mordí el labio con discreción. Y justo cuando iba a contestar, él se adelantó.
—¿Quieres...? —corrigió enseguida— ¿Quieres que nos veamos otro día? A solas. Para hablar bien. O lo que sea.
Lo que sea. Eso sonaba tan cliché de su parte.
A veces me preguntaba qué vi en Jonas para enamorarme de él en el pasado.
—¿Tú invitas?
—Claro que sí.
—Entonces sí.
Se le encendió algo en la mirada. No deseo. O no solo deseo. Orgullo. Ese tipo de satisfacción masculina patética de saber que seguía teniendo poder sobre algo que pensaba perdido.
Perfecto.
Todo iba según el plan.
Le di un beso en la mejilla y me separé.
—Tengo que volver a saludar a Ewan. Pero hablamos, ¿vale?
—Gia...
Me giré solo un poco.
—¿Sí?
—Estás preciosa.
—Ya me lo han dicho. Pero tú lo dices mejor.
Y me fui. Con paso lento, caderas relajadas, sonrisa contenida. Sabía que me estaba mirando.
Ahora solo tenía que asegurarme de que siguiera haciéndolo.
Porque cuanto más atento estuviera a mí, menos lo estaría a los secretos que escondía.
Y eso, exactamente eso, era lo que Ewan quería.
Y, para qué mentir, yo también.