Capítulo 20
Gia
—¿En serio quieres que vayamos disfrazados de… Batman y Catwoman?
—Sí, ¿por qué no? Seguro que quedan geniales. Y son discretos.
—No me gusta Batman.
—No tiene que gustarte, Ewan. Solo vamos para recopilar información, ¿no te acuerdas? —le recordé con una sonrisita.
Solo llevaba un mes trabajando para él y ya me sentía más o menos cómoda a su lado. Lo cual no tenía sentido alguno, dadas las circunstancias. Ewan era mi jefe y, además, no solía ser amable ni considerado con nadie. Salvo con sus dos socios: Gena y Kenji.
Pero me sentía mucho menos nerviosa en su presencia después del beso que compartimos. Un beso que no se borraba de mi cabeza y que me hubiese encantado repetir de nuevo.
Harry y Ada afirmaban que solo me sentía querida después de muchísimo tiempo sin echar un polvo, y yo estaba de acuerdo.
Si me sentía atraída por mi jefe no era porque me gustara su personalidad, sino porque necesitaba sexo con urgencia.
Mis hormonas gritaban por un revolcón cuanto antes… y él estaba más a mano.
Claro que no pensaba seducirlo.
Ewan no volvió a hablar del beso y yo preferí hacerme la tonta. Como si hubiera sido un sueño compartido y no algo real.
—Tendría que haber contratado a alguien para que se ocupara de esto —rezongó.
—No es tan malo como piensas, Ewan. Nadie sabrá que eres tú porque llevarás máscara.
—¿Y qué dirás cuando tu ex pregunte?
—Que eres mi vecino y mejor amigo: Harry. No sospechará. Más o menos medís lo mismo, y dudo mucho que recuerde el tono de su voz.
Lo había pensado todo, hasta el último detalle. Si quería que Jonas cantase, tendríamos que hacerle creer que estaba dispuesta a ser su amiga y caer en sus redes si se daba la oportunidad.
Eso no iba a pasar, pero Jonas no lo sabía.
—Joder —se frotó la cara con la mano—, esto no va a salir bien.
—¿Tú nunca te diviertes o qué?
Su mirada, intensa como una llamarada, se clavó en mí y me hizo vibrar de la cabeza a los pies.
—Trato de hacerlo de una forma más tranquila.
—Si no te despeinas y sudas como un pollo… es que no te lo estás pasando bien, Ewan.
Quizá estaba forzando demasiado la maquinaria al hablarle como si fuéramos colegas, pero como Ewan no me frenaba, sino que me mantenía allí encerrada, en su despacho, mientras todos trabajaban… continué.
—¿Encargo los disfraces?
Ewan lo meditó unos segundos.
—¿Conoces mi talla?
—No, pero puedes apuntármelas en un papel y facilitarme el trabajo.
Una de las comisuras de sus labios se curvó ligeramente.
—Aquí tienes —dijo después de garabatear sobre un post-it—. Que se lo cobren a la empresa.
—Vale.
Contenta porque había conseguido ganar esta batalla, me guardé el papel sobre el bolsillo y me dispuse a volver a mi mesa.
—Por cierto, Gia —llamó entonces—. Espero que tú también seas realista con tu disfraz.
Lo miré por encima del hombro.
—Por supuesto.
Y le guiñé un ojo antes de irme.