Capítulo 17
Gia
Gia:
Ada.
He hecho una cosa.
Una cosa horrible.
Nivel “me vas a gritar que soy idiota”.
Ada:
¿Te has peleado con Ted otra vez?
¿Has matado a alguien?
¿O me estás diciendo que…?
Gia:
Me he besado con Ewan.
Ada:
¿¿¿CÓMOOOOO???
Giaaaaa
¡Me ausento dos horas y te lías con el abogado del infierno!
¡CUÉNTAME TODO AHORA MISMO!
Gia:
No fue planeado.
Se fue la luz en el bufete, luego la alarma de incendios, nos empapamos y… no sé.
Estábamos muy cerca.
Y simplemente… pasó.
Ada:
Pasó, dice. PASÓ.
¿Y su lengua en tu boca también “pasó”?
¿Y tu cerebro dónde estaba, de vacaciones?
Gia:
Ada, por favor 😂
No me mates.
Fue un impulso. Él me besó, pero yo… no lo rechacé.
Y lo peor es que me gustó.
Mucho.
Besa MUY bien.
Ada:
GIA.
Mira, sé que está bueno.
Sé que te mira como si supiera todos tus secretos sexuales y los hubiese registrado en su agenda.
Pero es Ewan Langley.
Ese hombre podría manipular a una piedra para que le firmase un contrato de por vida, y no le temblaría el pulso.
Gia:
Ya lo sé.
Estoy confundida.
No sé si fue real o si me está manejando para que no me niegue a lo de Jonas.
Es que le conté que por fin había conseguido hablar con él de nuevo…
Ada:
Ahí está la clave.
Justo después de ese beso, vas a confiar más en él. A ceder.
Y él lo sabe.
No digo que no le gustes. Pero cuidado, Gia. Puede estar usando eso a su favor.
Gia:
No me grites, pero…
Una parte de mí quiere que haya sido real.
No solo por lo de Jonas.
Ada:
No te grito.
Solo te doy un consejo de amiga: mantén los ojos abiertos y las bragas puestas (de momento).
Y si ves que te está usando, le parto la cara.
Gia:
Vale.
Gracias.
Prometo no perder la cabeza. Ni las bragas. 😅
Ada:
Bien.
Y si lo haces… quiero todos los detalles.
Contuve una carcajada y me cubrí el rostro con ambas manos. De pronto ya no era una mujer de treinta y cinco años que acababa de ser besada por su jefe, sino una adolescente ilusionada porque el chico guapo la había elegido de alguna manera.
Nunca pensé que Ewan besaría también.
Nunca pensé en besar a Ewan, para empezar. Por muy bueno que estuviera. Pero ahora que había pasado… no lograba sacarme el sabor y la textura de sus labios de mi cabeza.
Ese hombre rezumaba peligro.
Sobre su cabeza brillaba un cartel de neón que me indicaba “no te acerques”. Que me lo tomase en serio o no era otra cosa.
Tampoco iba a ignorar el hecho de que Ada llevaba razón en algo: tal vez él solo me estaba engatusando con la idea de conseguir que me quedara a su lado el tiempo suficiente y le contase todo lo que pudiera sobre Jonas.
Se traía algo gordo entre las manos, de eso no cabía duda, y me necesitaba a su lado.
Fastidiada por eso, resoplé y miré el techo, sin saber qué hacer. ¿Al día siguiente todo seguiría como siempre? ¿O habría cambiado algo entre nosotros?
Conociendo como conocía a Ewan Langley, probablemente sería lo primero.
El corazón de ese hombre era de acero, y no se derretiría por nadie.
Ni siquiera por mí.