Capítulo 8
Gia
Gia
Estoy agotada, Ada.
De verdad.
Ted no para de darme problemas y siento que no puedo con todo sola.
Y la visita de la asistenta social es la semana que viene. Han adelantado la cita a raíz de lo ocurrido con su detención. Y ya no sé cómo hacerlo para convencerla de que Ted es buen chico y no es culpa mía que haya cometido un error de este calibre.
Ada
¿Qué pasó ahora?
¿Otra vez con líos?
Gia
Ojalá.
Simplemente me ignora.
Se pasa el día jugando videojuegos, ensuciando la casa y volviendo a las tantas de la noche.
Me da miedo que se meta en líos de nuevo.
Ada
Ay, Gia…
Eso no es justo. Tú tienes tu vida, tu trabajo, tus propias mierdas.
¿Él se da cuenta de eso siquiera?
Gia
Claro que no.
Y encima…
Metí la pata en el trabajo.
Ada
¿QUÉ HICISTE?
Gia
Nada grave, pero... mi jefe me preguntó algo en plena reunión y yo estaba TAN distraída pensando en Ted que le respondí cualquier cosa.
Luego me pidió unos informes y le acabé llevando fototetas que alguien imprimió en el trabajo y dejó olvidadas en la fotocopiadora…
Quedé como una idiota.
Y lo peor: me miró con esa cara de "¿en serio contratamos a esta inútil?"
Ada
Uff.
Ok. Pausa.
Todo esto es demasiado incluso para un ser humano maravilloso como tú.
Lo del trabajo tiene arreglo, Gia. Te conozco, eres muy buena en lo que haces. Y no te mereces que te traten como si acabaras de terminar la carrera.
Respecto a lo de tu hermano… ahí sí te digo que necesitas poner límites YA.
Gia
Es que me siento culpable con lo de Ted, ¿sabes?
Es mi hermano. Si no lo ayudo yo, ¿quién lo hará?
Nadie cree en él…
Ada
Sí, es tu hermano.
NO es tu hijo.
No es tu responsabilidad salvarle el culo cada vez que hace algo malo.
Gia
No sé. A veces siento que si yo no sostengo todo esto…
Ada
Gia, necesitas un poco de ayuda.
Dile la verdad a la asistenta social.
Y ya sabes que Max está dispuesto a representar a tu hermano en el juicio por robo.
Gia
Tranquila.
No necesitáis volver de vuestro viaje por esto.
Estoy segura de que habrá otro abogado que nos quiera llevar el caso.
Ada
Si lo necesitas, Gia, a nosotros no nos importa.
Me quedé mirando el mensaje, mucho más tranquila que un rato antes. La cabeza aún me dolía por haber estado llorando media tarde en el sofá, sintiéndome una inútil, como si caminara sin rumbo fijo.
Que todo se estuviera derrumbando a mi alrededor no ayudaba en absoluto a mi autoestima y a mi ansiedad.
Llevaba demasiado tiempo peleando sola contra titanes que se hacía más y más grandes. Y ya no me quedaban fuerzas.
Ni siquiera recordaba lo que era salir un fin de semana, pasarlo bien tomando unas copas y bailando, o conociendo a alguien interesante que me sedujera y luego me llevase a su casa.
Echaba de menos el calor humano, más allá de mis amigos, y también el ser besada y adorada como mujer.
El papel de madre, hermana, amiga y empleada empezaba a ocultarme bajo capas y capas oscuras que desdibujaban mi figura frente al espejo.
Y ya no estaba segura de qué quedaba de mí, de la mujer que era.
A lo único que mis manos se aferraban, más allá de conseguir dinero a final de mes, era a la esperanza de que todo mejorase tarde o temprano. O a que un príncipe azul me rescatase de este enorme castillo custodiado por un enorme dragón.
Me despedí de Ada, mi mejor amiga, y me acurruqué en el sofá con una película de miedo de fondo.
Con treinta y cinco años solo podía aspirar a esto.