Capítulo 44
Ada
Sudando a mares, entré en el edificio donde vivía y eché un vistazo al buzón.
Solo había propaganda, más propaganda… Ni una sola carta de respuesta a todos los currículums que había enviado el día anterior.
Por supuesto que era demasiado pronto, pero necesitaba aferrarme a algo, lo que fuera, antes de perder la cordura.
Hasta mis padres estaban enfadados con mi embarazo. ¡Como si no supieran que llevaba meses buscándolo! Nunca entendería por qué no podían apoyarme y ya, como cualquier padre.
¿Qué me hacía más especial que al resto? ¿No haber estudiado lo que ellos esperaban de mí?
Tiré toda la propaganda a la basura… hasta que me fijé en la pequeña carta sellada, con mi nombre luciendo en grande. Escrito a mano.
La abrí a toda prisa y me quedé de piedra al comprobar que era un tique para la próxima presentación de una de mis autoras favoritas. Elisa Moore venía a firmar a Londres el viernes y yo iría a verla.
Pero… ¿quién demonios había conseguido esa entrada? Cuando miré, las habían vendido todas.
La gente amaba demasiado a Elisa Moore y sus comedias románticas como para perderse la oportunidad de hacerse una foto con ella.
Emocionada hasta el infinito, subí a casa y solté todas las cosas sobre el sofá, de malas maneras, antes de llamar a Gia y contárselo.
—¿No has sido tú?
—Pues no. Me encanta verte feliz, pero no tengo tanto tiempo libre como para estar vigilando que en la web haya algún asiento libre.
—Entonces, si no has sido tú… ¿quién…?
Gia resopló al otro lado.
—Creo que es obvio. Solo hay una persona que buscaría desesperadamente disculparse contigo.
Sentí que el alma se me caía a los pies al pensar en Max.
—No puede ser… —susurré—. Él no…
—¿No?
—Mierda.
Gia se rio de forma cantarina.
—No le hagas el feo.
—No quiero nada de él.
—Es el padre de tu hijo.
—¡Eso no es verdad! —grazné—. Aún no se sabe.
—Pues deja de comportarte como si fueras una adolescente hormonada y empieza a tomar decisiones, Ada.
Colgué, enfadada.
Pero se me pasó a los diez minutos.
Le mandé un mensaje a Gia, disculpándome, y luego me fui corriendo al armario con la intención de buscar algo que ponerme para ir a la firma de libros.
Debería haberle dado las gracias a Max, pero no lo hice.
No quería que se tomara mis palabras como una invitación cordial a invadir mi espacio personal —una vez más— y ver si lograba convencerme de que aceptara sus delirios.
Al final, también me sentí culpable. Por lo que le escribí un mensaje tranquilo.
Ada ⚖️💋
13:50
Gracias.
No me respondió.
Pensé que se habría ofendido por mi frialdad y estuve todo el día dándole vueltas.
Cuando cayó la noche, Max me envió una foto. Era de su casa, completamente vacía.
Sentí un gustirrinín muy impropio de mí.
Victoria asegurada: esa noche no dormiría con otra mujer.
Y yo conseguí conciliar el sueño a la primera.