Saga Sin Reglas Capítulo 39
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Capítulo 39

Max

Descolgué el teléfono nada más ver el nombre de Maddison en la pantalla.

—Dime que son buenas noticias —repuse con una sonrisa.

Otro sobrino sonaba genial, en realidad. Una familia grande era todo lo que necesitábamos.

—Lamento decirte que no soy yo la que va a tener un hijo —soltó de sopetón mi hermana—. Pero tú te has callado mucha información, ¿no?

Al escuchar su tono acusatorio, sus palabras repletas de incógnitas, fruncí el ceño.

—¿De qué hablas?

—¿Por qué no nos has dicho que Ada está embarazada?

Mi primera reacción fue reírme.

Y yo rara vez soltaba carcajadas irónicas.

—Ada no está embarazada.

—Claro que sí. La he visto hoy en la clínica, con una ecografía en la mano y pidiendo una cita para la segunda revisión. Está embarazadísima, Max. ¿Es que no lo sabías?

De pronto noté un escalofrío bajando por mi espina dorsal, seguido de un sudor frío y un regusto amargo en el paladar.

Ada estaba embarazada.

¿Desde cuándo?

Recordé su malestar general. Las náuseas, los vómitos. Todas las veces que estuvo en casa, quejándose de un virus estomacal.

Tendría que haberlo entendido entonces. No era un virus, sino un embarazo.

Ada esperaba un bebé.

—Joder.

—¿Max? ¿En serio no sabías nada?

—¿Crees que me habría callado algo así? Por dios, Mad. Nunca te oculto nada. Ni lo malo, ni lo bueno. Ni lo que está en medio.

—Pero… —Mad se quedó en silencio unos segundos—. ¿Por qué no te lo ha dicho?

—No lo sé.

—Tú querías tener un bebé con ella.

—Quizás ese sea el problema: que cree que se lo voy a quitar.

Pero… ¿Ada era tan retorcida? Lo dudaba muchísimo. Ella era demasiado noble, dulce y buena. Rara vez pensaba mal de los demás. Eso era algo que siempre le reproché cuando trabajábamos juntos.

Lo cual no explicaba por qué se había callado una información tan importante. ¡Y nos habíamos visto el día anterior!

¿Por qué se calló?

—Por dios… Esto es descabellado —resopló Maddison—. Tienes que hablar con ella, Max. Ya.

—Lo sé, joder. Lo sé. Déjame… organizar mis ideas y…

—Un bebé. Vas a tener un bebé.

Tampoco daba crédito a eso. Me costaba imaginar a Ada embarazada, dándome lo que más anhelaba.

Un hijo.

Una familia.

Tragué saliva con fuerza y busqué rápidamente mi chaqueta. Necesitaba hablar con ella lo más rápido posible.

—Mad, te llamo luego. Voy…

—Sí, sí. Tranquilo.

Colgué y abandoné mi despacho como un vendaval.

Por el pasillo me crucé a Gia. Cargaba un par de carpetas marrones y silbaba por lo bajo una melodía muy pegadiza.

—Tú y yo ya hablaremos —siseé al pasar por su lado.

Gia frunció el ceño.

—¿Acaso me he equivocado en las fotocopias?

No respondí.

Me metí en el ascensor y pulsé el botón para bajar.

No quería perder el tiempo.