Capítulo 37
Max
—¿Ya has terminado el informe que pidió la fiscalía? —preguntó Jhon, apareciendo en mi despacho con la camisa arremangada hasta los codos.
Se había roto la calefacción y la oficina era un horno. Todos estábamos sudando un montón, pese a tener las ventanas abiertas.
—Lo tengo que supervisar, pero sí.
—Bien. Hayden quiere que este caso salga en todos lados.
—Como siempre.
—Este es importante —me recordó Jhon, de malas pulgas.
Nunca nos llevaríamos bien. Éramos demasiado diferentes.
Él trabajaba de una manera más tradicional, y yo era un puto huracán en los juzgados.
—Lo sé.
Abandonó mi despacho y cerró la puerta a propósito, para que me muriese de calor. Pero me dio igual.
Esta mañana me encontraba especialmente de buen humor por dos motivos: me habían subido el sueldo y Ada no estaba enferma.
La había dejado en su casa esa mañana, completamente dormida, y pensé que me gustaría mucho compartir más momentos así con ella.
Tomar el café juntos, dormir abrazados, poder hablar de todo un poco sin pensar en la hora que era… Lo que dos personas enamoradas hacían cuando querían estar juntas.
Solo que no tenía del todo claro qué pensaba o sentía Ada al respecto.
A lo mejor era precipitado. A lo mejor aún me odiaba por haberle propuesto un trato escandaloso la primera vez que nos vimos, después de tanto tiempo.
Pero si existía una posibilidad, por pequeña que fuera, la aprovecharía. Porque esa mujer me tenía loco.
A pesar del calor, conseguí terminar el informe. Luego salí a comer con Cayden y Mad.
—¿Dónde está mi sobrino hoy? —pregunté al ver que llegaban solos.
—Con los abuelos —respondió mi hermana—. De pronto han decidido secuestrarlo y llevárselo al zoo.
—Supongo que ellos también tienen derecho a disfrutar de su compañía —bromeé.
Nos sentamos los tres en la mesa y pedimos un poco de vino.
—Para mí agua, por favor —dijo mi hermana al camarero. Cuando le dirigí una mirada furibunda, ella encogió un hombro—. Es que creo que estoy embarazada de nuevo.
—¿Qué? —le di un puntapié a Cayden por debajo de la mesa. Él se quejó—. ¿Otra vez?
—No ha sido planeado —se quejó Cayden, devolviéndome la patada.
—Nunca lo es —gruñí—. Ese es el problema.
—Pensé que te alegraría más la noticia —Maddison me miró con una ceja alzada.
—Y me alegro por ti, en caso de que sea cierto. Pero debéis empezar a planear estas cosas. No quiero tener que ir a visitar a seis sobrinos vestidos de Santa Claus en navidades.
Maddison puso los ojos en blanco.
El camarero llegó con las bebidas y la carta, para que pudiéramos pedir.
—Tampoco queremos una familia numerosa —explicó Cayden—. Pero es mejor tenerlos ahora que cuando ya estemos demasiado viejos, ¿no crees?
Sentí un poco de envidia por la familia que estaban formando los dos. Envidia de la buena. Mad y Cayden eran las personas que más me importaban en el mundo, y quería que fueran felices.
Pero yo también deseaba mi propia familia y, pese a hacerme más viejo cada año, continuaba con las manos vacías.
—Supongo que sí.
Maddison suavizó el gesto.
—¿Qué tal te va con Ada?
—Bien. Normal.
—¿Y lo de…? —Cayden me lanzó una mirada curiosa—. ¿Todo bien?
—Sí. Solo era un virus. Se encontraba mejor anoche —expliqué como si nada.
—Eso es genial —dijo Cayden.
—Tal vez deberías ser sincero con ella, ¿no? —sugirió mi hermana—. Decirle que te atrae lo suficiente como para empezar algo serio.
—Todavía es muy pronto. Siento que Ada necesita su espacio. Además, no hemos hablado de sentimientos. No aún.
—¿Y a qué estás esperando? —preguntó ella.
Buena pregunta.
¿A qué esperaba? Si Ada me gustaba de verdad… ¿por qué perder el tiempo? Podíamos aprovecharlo en tener más citas o pasar más noches juntos. Por no hablar que nos veríamos en los juzgados más de una vez.
—Tu hermano es más tranquilo con esas cosas —intervino Cayden, como si tuviera que echarme un cable—. No lo presiones.
—Bueno, supongo que en algún momento me darás la buena noticia.
Un rato después, con la comida sobre la mesa, Maddison decidió abordar otro tema diferente.
—Cayden y yo vamos a casarnos, por cierto. El año que viene.
—¿Qué cojones…? ¿Hoy es día de soltar todas las bombas de golpe?
—Lo hemos hablado largo y tendido, y es lo mejor. Una boda por todo lo alto, ¿no crees? —Mi hermana parecía muy emocionada de pronto.
—Y quiero que tú me acompañes en el altar —dijo Cayden—. Sé que siempre es la madre, pero como la mía no va a querer, pensé que querría tener a alguien que me importa al lado.
Noté una sacudida a la altura del estómago. Cayden definitivamente quería ponerme sentimental.
Carraspeé y asentí.
—Claro que te acompañaré. Qué remedio —bromeé.
Cayden y Maddison sonrieron al mismo tiempo.
Ya compartían cosas de pareja como esos pequeños detalles que les salía de manera inconsciente.
—¿Lo saben papá y mamá? —pregunté.
—Todavía no. Se lo diremos todo de golpe, supongo. Primero debo asegurarme de que estoy embarazada.
—¿Aún no te has hecho la prueba?
—Tengo médico esta tarde. Te avisaré a ti primero, descuida —se burló Maddison.
Cuando terminamos de comer y volví a la oficina, escribí a Ada, un poco extrañado porque ella no me hubiera mandado ningún mensaje. Llevaba días muy extraña, en realidad. Más allá de su enfermedad.
Quizá tendríamos que haber hablado antes de acostarnos juntos.
Aclarar cualquier duda.
Max
¿Cenamos hoy?
Ada
No puedo, lo siento.
Tengo médico más tarde y he quedado con Gia.
Max
De acuerdo
Mañana entonces
Definitivamente le ocurría algo conmigo. Y estaba dispuesto a averiguar qué era.