Capítulo 33
Max
Nada más llegar a casa, me encontré un par de bragas tiradas en el suelo y un par de zapatos de hombre que no eran míos.
Fruncí el ceño, preguntándome quién cojones había invadido mi apartamento a esas horas de la noche.
Nada más llegar a la habitación, me encontré a Evelyn retozando en mi cama, desnuda, con un hombre bastante alto y corpulento.
Carraspeé para llamarles la atención.
—Oh, joder. ¿Y este quién es? ¿Tu marido?
Puse los ojos en blanco.
Lo que me faltaba: una pelea de amantes justo cuando más necesitaba descansar.
—No, no —insistió Evelyn, acariciándole el hombro—. Es mi compañero de piso.
¿Compañero de piso? Sí, seguro. Si pudiera elegir, ella no estaría aquí, en mi habitación, ensuciando mis sábanas.
—Podrías haberle dicho que no viniese a dormir, Eve. A veces eres tan… —se calló al ver la expresión que tenía en la cara—. En fin, da igual. Me voy.
—¿No te quedas a dormir? —se quejó Evelyn.
—Ni de broma —dijo su amante, colocándose los pantalones y recogiendo toda su ropa—. Ya nos vemos.
Evelyn hizo un mohín de disgusto.
Una vez nos quedamos a solas, crucé los brazos sobre el pecho y me quedé mirándola con una ceja alzada.
—No vayas a echarme la bronca —se quejó ella—. Has interrumpido en el mejor momento.
—Esa es mi cama.
—La de invitados es muy pequeña.
—Nadie te ha dado permiso para invadir mi privacidad y para follar en mi cama —le recordé—. Así que será mejor que te vistas y te vayas.
Evelyn cogió su bata y se la puso como si nada.
No me molestaba la desnudez, pero prefería no tener que enfrentarme a Evelyn mientras estaba como su madre la trajo al mundo.
—Mira, lo siento. Solo quería distraerme un rato y…
—Bien. De todos modos, te quiero fuera de mi casa en una semana.
Ella abrió mucho los ojos.
—¿Lo dices en serio?
—¿Bromearía con esto?
—Venga, Max, yo no…
—Una semana —insistí—. No me obligues a cambiar la cerradura.
Enfadada, Evelyn pasó por mi lado y se encerró en la habitación de invitados.
Observé todo el desastre que había en mi cama y me dieron ganas de prender fuego al colchón. Pero me limité a quitar las sábanas y echarlas a la basura. Todo aquello no tenía sentido. Y estaba cansado de tener a Evelyn en casa.
Me tumbé sobre el sofá, tras ponerme ropa cómoda, y llamé a Ada.
No respondió.
Le escribí también. Y nada.
Supuse que se habría quedado dormida, así que dejé mi móvil sobre la mesita y cerré los ojos.
Cuando me desperté, varias horas después, encontré un sencillo mensaje:
Ada
Tenemos que hablar
Es urgente
Por un momento no supe qué demonios le pasaba.
¿Querría romper con lo que fuera que teníamos? ¿O había pasado algo aún peor?