Capítulo 32
Ada
—¿Estás mejor? —preguntó mi jefa, obviamente preocupada por mi estado actual.
Llevaba una semana entera vomitando y quejándome del calor que hacía en la oficina… pese a que no era el caso. De hecho, llovía un montón. Llovía a mares.
Pero los sofocos me invadían nada más poner un pie en la oficina y olisquear toda esa mezcla de aromas diferentes que flotaba en el aire.
—Sí, sí. Lo siento.
—No pasa nada. ¿Cómo llevas el caso?
—Oh, bien. He recopilado bastante información, así que es casi seguro que ganemos —sonreí con orgullo.
Era mi primer caso en meses y estaba ilusionada con él.
Puede que fuese solo un divorcio, pero los implicados eran dos personas bastante conocidas en el mundo de la política, y nos daría mucho caché ganar.
El bufete saldría en todas las noticias, que era lo que buscaba mi jefa, y a mí me lloverían más ofertas.
Necesitaba recuperar con urgencia la ilusión por mi trabajo, mi cuenta corriente y el control absoluto de lo que pasaba a mi alrededor. De esa manera, sería capaz de ahorrar el dinero suficiente para volver a intentar la inseminación in vitro.
Mi intención era darme un año de margen, no mucho más.
—Te necesito fuerte, Grace —dijo mi jefa, en tono algo autoritario—. Este caso es pan comido.
—Lo sé.
Volví a mi despacho y me encerré durante un par de horas, totalmente volcada en la defensa de mi cliente. El juicio sería en breves y necesitaba ganarlo a como diese lugar.
Gia me mandó algunos mensajes aleatorios, pero traté de no distraerme.
Solo hubo una notificación que me dejó congelada en el asiento:
Clear Red:
¡Hola! ¿Cómo te encuentras? Llevas tres días de retraso en el periodo. ¿Te has olvidado de anotar la fecha?
¿Tres días? ¿Tres?
Noté que un frío súbito se apoderaba de mí.
Después de mi último intento de inseminación, me hice una prueba y dio negativo… y luego me bajó la regla. Por eso no le había dado importancia.
Pero tenía razón la aplicación que usaba para llevar un mejor conteo de mi ciclo: hacía tres días que tendría que haberme bajado la regla.
A lo mejor era solo una coincidencia, pero un presentimiento se instaló en mi interior y no me dejó concentrarme en lo que quedaba de jornada.
Llamé a Gia inmediatamente.
—¿Qué pasa? He tenido que encerrarme en el baño para hablar contigo —se quejó mi amiga.
—Tengo un retraso de tres días en la regla.
—¿Qué? ¿En serio?
—Sí. Yo… no me acordaba… Pero tres días no es mucho, ¿verdad?
—Para alguien que no busca tener hijos, no. Pero en tu caso es totalmente diferente.
Tragué con fuerza. Las manos me temblaban.
No sabía ni qué decir.
—La última inseminación falló.
—¿Estás segura?
—Tú estabas conmigo cuando me hice la prueba.
—A veces pueden fallar porque es demasiado pronto. No siempre son fiables. Además… —Gia bajó la voz—. Te has acostado con Max.
Joder, era cierto.
¡Y dos veces!
—Usamos condón.
—Como si esas cosas del demonio no pudieran fallar —bufó mi amiga al otro lado de la línea—. ¿Quieres que vayamos hoy a una farmacia juntas?
—Tengo una reunión importante con la cliente que estoy defendiendo.
Pensé en la posibilidad de dejarlo para mañana, pero ya había fallado mucho en los últimos días y, si era cierto que me encontraba en estado, prefería no ponerme en el punto de mira de mi jefa y acabar despedida.
Necesitaba el dinero. Lo necesitaba de verdad.
—Pero…
—¿Mañana? ¿O esta noche? —sugerí en su lugar.
—Compraré algo de cenar e iré a tu casa —pausa—. ¿Hay algo que se te antoje?
A pesar de lo asustada que estaba, me reí de su broma.
—Te odio.
—Supongo que eso es que no. Nos vemos luego.
—Vale.
Nada más colgar, silencié el móvil y me centré en redactar el informe que le pasaría a la fiscalía una vez mi clienta me diese el visto bueno.
Pero, a decir verdad, me costó horrores concentrarme en el trabajo.
Salí a comer sola y volví cuando la oficina aún estaba vacía.
Vomité dos veces.
Y cuando la clienta estaba a punto de llegar, me eché por encima el té que tomaba y tuve que pedirle ropa prestada a un compañero.
No ofrecí mi mejor imagen y no estaba muy concentrada en sus respuestas, pero logré salvar el día sin que mi jefa me echara la bronca.
Cuando llegó la hora de salir, cogí mi bolso y me acerqué a la farmacia más cercana.
Compré cinco pruebas de embarazo.