Saga Sin Reglas Capítulo 29
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Capítulo 29

Gideon

—¿No le has dicho aún a Serena que tienes el ordenador de tu hermano? —preguntó Cayden, sorprendido.

Hice una mueca y negué con la cabeza.

—¿Por qué cojones no lo has hecho?

Mi amigo se veía realmente conmocionado con mi revelación. Y no era para menos, teniendo en cuenta que Serena y yo llevábamos unos días viviendo como dos enamorados.

No éramos nada oficial aún, a decir verdad, pero eso no quitaba que nos acurrucáramos por las noches en la misma cama y compartiéramos el desayuno entre besos.

Vivir con ella era cómodo. Tal y como siempre pensé que sería. Pero algo dentro de mí me impedía dar el último paso; decirle que tenía lo que necesitaba para destruir la vida de mi hermano.

—Porque no sé qué hacer —reconocí en voz baja.

Cayden chasqueó la lengua y se dejó caer sobre el taburete más cercano.

Había acudido a su casa para ayudarle a montar la cuna antes de que llegase Maddison del trabajo. Él quería darle una sorpresa, pero no tenía ni puta idea de cómo se montaba la futura cama de su hijo.

Que decidiera llamarme a mí aún me hacía reír un poco.

—Estás dudando, ¿no? Por fin sabes que ella siente lo mismo por ti y tú estás dispuesto a proteger a tu hermano.

—No es que quiera protegerlo. Es que sé que la paz se terminará una vez le dé ese ordenador portátil —me froté la frente con los nudillos, notando un leve dolor de cabeza—. Cuando Renato sepa que le he robado las pruebas y que me acuesto con su ex, va a odiarme por el resto de sus días.

Cayden apretó los labios con fuerza.

—Hombre, la situación es muy jodida.

—¿Ves por qué no se lo he dado aún? Todo esto es… una encrucijada constante. Y ni siquiera sé cuál es el camino correcto.

—Aunque mi deber como amigo es incitarte a que hagas lo correcto, creo que en este caso es más fácil decir que escuches a tu corazón.

—¿Y si mi corazón y mi cabeza están de acuerdo? —pregunté con amargura—. ¿Y si resulta que lo correcto es decirle a Serena que se olvide de su venganza?

—Ella no lo aceptaría.

—Exacto —hice un aspaviento con la mano—. Serena jamás dejará de luchar por lo que es suyo. Coño, tiene razón, ¿sabes? Le robaron el proyecto de su vida y su trabajo se ha visto perjudicado por eso. Tiene la reputación por los suelos. ¿Cómo no va a estar cabreada con Renato?

Cayden chasqueó la lengua. No había forma de rebatirme porque llevaba razón en ese punto. O más bien Serena tenía la razón. Ella había salido perdiendo por goleada después de su ruptura. ¿Y quién era yo para negarle que se vengara si le apetecía?

Pero, por otro lado, Renato era mi hermano y lo quería. Que no estuviera de acuerdo con algunas decisiones que tomara en el pasado no significaba que mi amor por él no fuese fuerte y profundo.

Así que… ¿cómo ayudaba a uno sin perjudicar al otro? Era imposible.

—No hay forma de salir de esto sin mancharte las manos —dijo Cayden, haciéndose eco de mis pensamientos.

—Lo sé —dejé a un lado el destornillador y cogí las instrucciones. Las manos todavía me temblaban—. Haga lo que haga, uno de los dos se enfadará tanto que dejará de hablar para siempre. Y no sé cuál de los dos me dolería más. ¿No es egoísta?

—¿Por qué?

Exhalé un profundo suspiro.

—Cualquiera te diría que, de estar en mi lugar, lo más sensato es dejar que Serena salga perdiendo y proteger a mi hermano. Porque a la familia se la quiere por encima de todo.

—Eso es una gilipollez como un templo. Hay personas que tienen una familia de mierda, y si les dices que hagan algo por ellos, te enviarán al infierno. Y no hay nada de malo en eso.

—Pero Renato no ha sido mal hermano conmigo.

—¿Y qué? Ha sido mala persona con la mujer de la que estás enamorado. Él debería hacer un poco de autocrítica y preguntarse por qué se está vengando, en lugar de acusarte de traidor. Si le jodes la vida a alguien, luego no llores ni eches balones fuera.

—Pensaba que no estabas de acuerdo con mi postura —le recordé.

Cayden no pensaba como yo, y me lo había dejado claro desde el minuto uno.

—Y no estoy de acuerdo en practicar el ojo por ojo —corroboró—.

Pero tu hermano ha sido un cabrón con una persona que no se lo merecía.

Serena tiene todo el derecho del mundo a estar enfadada y retorcerle los cojones si le apetece.

Mira, no sé, Gideon. Es complicado. Yo no habría aceptado ayudarla, ya lo sabes; pero entiendo por qué estás así.

Y aunque digan que hay que poner a la familia por encima de todo, no es cierto.

A veces tenemos que enfocarnos también en quienes queremos y no comparten nuestro mismo ADN.

Un amigo, nuestra pareja… —encogió un hombro—.

Si el corazón y la cabeza te dicen que Serena ha ganado el partido, entonces dale lo que necesita.

Dáselo y deja que pase todo. Tarde o temprano, tu hermano lo entenderá.

¿Y qué pasaría si no lo entendía jamás? ¿Si toda mi familia se rompía a consecuencia de mis decisiones?

El nudo de mi estómago se apretó al punto de provocarme calambres y náuseas. Jamás había soportado tanta presión como en ese momento. Quería una vida junto a Serena, si era posible; pero también tener a mi familia cerca.

—Estoy asustado —dije en voz baja.

Cayden se acercó a mí y, para sorpresa de ambos, me dio un fuerte abrazo.

—Lo sé. Y no es malo tener miedo. Pero la vida solo pasa una vez y tienes que elegir cómo vivirla.

—¿Aunque eso signifique perder a alguien que aprecias?

Cayden se separó un poco y me miró a los ojos.

—Recuerdo que, el día que Max se enteró que estaba con Maddison, no dudé en que la elegiría a ella por encima de todo y todos.

Porque me había demostrado que la vida era maravillosa cuando estaba a mi lado.

Y a Max lo aprecio como a un hermano, ¿sabes?

Pero Maddison es mi alma gemela, y sé que vale cualquier sacrificio.

Asentí, entendiendo su punto y, en cierta medida, compartiéndolo.

Sentía cosas por Serena y, si de verdad íbamos en serio, si formalizáramos lo nuestro, sé que no me costaría tanto dar el paso.

Pero aún había muchas dudas dentro de mí.

—¿Serena vale lo mismo para ti? —añadió pasados unos segundos.

Tragué saliva, dándole vueltas a su pregunta.

Y entonces lo vi claro, como si las nubes de mi cabeza se despejaran de una maldita vez y la verdad saliera a relucir, brillante como un día de verano.

—Sí —dije—. Sí. Serena vale la pena.

—Entonces ya está, Gideon. Cuando el corazón elige, todo lo demás ya no importa.

Quizá tenía razón y solo estaba alargando lo inevitable. Quizá lo más sensato era abrazar el presente y no el pasado o el futuro.

Me froté el rostro con la mano y asentí.

Le daría el ordenador a Serena cuando tuviera las fuerzas necesarias para enfrentarme a las consecuencias. Necesitaba unos días más, unas horas previas al desastre.

Solo esperaba que ella lo supiera entender.