Saga Sin Reglas Capítulo 16
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Capítulo 16

Cayden

Durante una semana entera me centré únicamente en las negociaciones de la compraventa del hotel Vaughnat. Quería que saliera bien y no necesitaba distracciones de ningún tipo.

Y Maddison era la mayor distracción de todas.

Aunque, a decir verdad, ella tampoco me escribió de vuelta. Probablemente se había arrepentido de lo ocurrido y prefería mantenerme lejos. Que nuestro pequeño encuentro en el ascensor fuera como un mal sueño.

O una pesadilla.

No la culpaba por elegir ese camino. A decir verdad, sonaba mejor. Como si no hubiese ocurrido nada.

Claro que no conseguía sacarme de encima la sensación de querer volver a besarla, tocarla y poseerla de todas las maneras posibles. Soñaba despierto con su boca, con sus ojos vidriosos justo después del clímax. Era tan jodidamente sensual, atractiva, que me salía solo lo de pensar con la polla.

Y eso no sucedería muchas más veces.

—Lo mejor en estos casos en evitar la tentación —comentó Gideon una de las veces que le conté lo que se me pasaba por la cabeza—. Eso, o hablar con ella. Dudo mucho que sea tan histérica como la pintáis.

—El problema no es que sea histérica, que no lo es —dejé claro—. El problema es que siento que estoy traicionando a Max de alguna manera.

—Sentir atracción por una mujer con la que has compartido diversos momentos importantes a lo largo de tu vida no es sinónimo de traición. ¿Por qué tiene él que poner el santo en el cielo? ¿Acaso es su pareja? Solo comparten un lazo de sangre.

—Pero la sobreprotege demasiado.

—Sigue sin ser una excusa válida —insistió Gideon, corriendo en la cinta de al lado.

A veces solía venir a practicar deporte conmigo en el gimnasio de mi edificio—.

Entiendo lo de proteger a un hermano, Cay.

Todos tiramos mucho hacia la familia. ¿Pero tanto como para enfadarse porque surja algo entre un amigo y un familiar?

En cierto modo, Gideon tenía razón. Pero Max era la persona más importante de mi vida, en realidad. Habíamos compartido demasiadas vivencias, demasiados secretos, malos y buenos momentos como para meterme con su hermana. Como para decepcionarlo.

Y eso me provocaba un malestar horroroso.

Deseaba a Maddison, pero también quería mantener mi amistad con Max. Y, al parecer, ambas cosas eran incompatibles.

—Tampoco sé si ella está buscando algo más. Como una aventura —dejé caer, deteniendo un momento la cinta—. Solo buscaba sexo.

—Pero, según tú, hubo buena química sexual, ¿no?

—No cambia nada.

—Lo cambia todo —corrigió Gideon—. La atracción siempre hace estragos, como un gran tsunami.

Aparece de golpe y te borra de la cabeza cualquier pensamiento lógico.

Es como si te convirtieras en otra versión de ti mismo, mucho más primitiva.

Te hace querer estar con una persona aunque sea solo por unos minutos. ¿Cómo vas a escapar de eso?

No puedo, pensé.

Porque me gustaba demasiado Maddison como para ignorarla o como para fingir que no anhelaba volver a besar su cuello, hacerla mía.

Gideon estaba en lo cierto: la pasión nos robaba todo atisbo de cordura.

Después de ese día, decidí que ya tocaba poner en orden todas las piezas. Si estaba en la obligación de vigilar que Maddison estuviera bien, de cuidarla, entonces prefería saber en qué punto estábamos y qué pasaría con nosotros.

Solo así me centraría en el negocio del siglo para mi empresa sin estar dándole vueltas a qué perfume o qué vestido estaría usando ese día la rubia más irreverente de todas.

Cayden:

¿Te gustaría cenar conmigo esta noche?

No creí que fuera a responderme, y mucho menos tan rápido, pero no me había dado tiempo a dejar el móvil sobre la mesa cuando la pantalla parpadeó en un par de ocasiones.

Maddison:

A los 8.

Recógeme.

Sonreí casi sin darme cuenta.