Saga Sin Reglas Capítulo 15
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Capítulo 15

Maddison

No me sentía culpable por lo ocurrido. Esa era la verdad. Pero salí corriendo como una cobarde porque no quería enfrentarme tan pronto a las consecuencias de mis actos. Necesitaba poner en orden mis pensamientos antes de dar alas a esa pasión desenfrenada que sentía hacia Prince.

Una cosa era que en el pasado me atrajese, y otra muy diferente que en la actualidad fuéramos amantes. Había un salto enorme entre un caso y otro.

Sin embargo, esa noche, en cuanto llegué a casa, me duché y dormí del tirón. Tan en paz conmigo misma que no soñé nada ni me sentí mal por haberme acostado con el mejor amigo de mi hermano.

Y lo lamentaba por Max, ya que probablemente, de enterarse, se enfadaría un montón; pero no pediría disculpas por anteponer mis necesidades a su código moral.

Así es como se lo expliqué a Mariah al día siguiente, cuando nos quedamos solas en la oficina, a la hora del almuerzo.

—Recuerdo que alguien dijo algo como que jamás se acostaría con Cayden Prince…

Froté la punta de mi nariz con el índice, ahorrándome las excusas.

—Surgió sin más.

—Ajá —Mariah cogió su táper con ensalada y pinchó un trozo de lechuga mientras asimilaba la información—. ¿Y no has vuelto a hablar con él?

—Nope. Sinceramente… no sé qué decirle —admití, quitándome los zapatos después de toda la maldita mañana yendo de aquí para allá—.

Cuando tenía una aventura de una noche, no necesitaba dar más explicaciones ni llenar los días posteriores con conversaciones absurdas.

Los dos sabíamos que era un polvo sin más.

Pero a Prince lo conozco. Y no será la última vez que lo vea.

—Podríais quedar a cenar y hablarlo. Para… no sé, normalizarlo. O formalizarlo.

—¿Quién ha dicho que yo quiera una relación con Prince?

—Me refería a que podríais ser follamigos. Quitaros las ganas y ya está. Nadie se enteraría de vuestras aventuras y, en caso de que alguno de los dos se canse, volvéis a ser conocidos y ya.

Dejé escapar un «mhhh» poco convincente.

De solo imaginarnos a los dos sentados en la misma mesa, en plena cena navideña, en casa de mis padres, se me revolvía el estómago.

Estaba segurísima de que a alguno de los dos se nos notaría en la cara que habíamos follado.

Y nadie de mi familia estaba listo para ese drama.

—Me atrae más la idea de no hacer nada. Dejarlo estar. Quizás ya tiene a otra en mente y se olvida de lo que pasó.

Aunque esperaba que no. Si me desechaba tan pronto y tan fácil, me cabrearía muchísimo.

Pero, por otro lado, era lo más conveniente.

—¿Sabes qué pasa cuando dos personas con buena química sexual se ven constantemente? Que necesitan explorarse mutuamente. Todo el tiempo.

—¿Y eso qué significa? —pregunté, mordisqueando el trozo de pollo de mi ensalada.

—Que no será la única vez que folles con él, claro. Te ha gustado. Tanto como para pasarte toda la mañana mirando el móvil, a la espera de un mensaje por su parte.

Joder, pues sí que se fijaba en todo. Normal que el señor Jones la tuviera en tan alta estima; era una secretaria que no perdía detalle de absolutamente nada de lo que ocurría a su alrededor.

—A veces odio que no seas capaz de darme la razón, aunque sea para que me calle.

Mariah se rio.

—Soy demasiado formal y seria para eso. De todos modos, no veo dónde está el problema. Tú lo deseas, él te desea… ¿Qué tiene de malo?

—Que si sale mal, salpicará a mi relación con Max. Porque se va a terminar enterando. Y no me apetece una mierda.

—Solo hay una forma de averiguarlo, ¿no? Sois adultos, lo normal es que sepáis separar lo familiar de lo sexual.

Sobre el papel, todo parecía claro. A la hora de ponerlo en práctica… la cosa cambiaba muchísimo.

Además, faltaba por saber si Prince quería seguir con ello. Repetir. Tener algún tipo de affaire sin complicaciones ni planes de futuro. Solo sexo sin compromiso de vez en cuando.

¿Sería demasiado brusco si se lo planteaba yo?

—Lo pensaré.

Mariah se limitó a encogerse de hombros, como si ya supiera lo que pasaría. Y, en el fondo, yo también conocía la respuesta a su sugerencia.

Pues claro que me lanzaría a la piscina, así estuviera jodidamente vacía.

Justo cuando volví a la oficina, recibí una llamada de Max. Durante una fracción de segundo me asaltó el miedo. ¿Y si se había enterado de todo y llamaba para pedir explicaciones? ¿Y si la lealtad de Prince era tan grande que fue a narrarle todo lo ocurrido?

Solo esperaba que no se cabrease demasiado, porque no me arrepentía de lo que pasó en el ascensor.

—¿Qué pasa, hermanito? —saludé, sentándome en mi silla y colocando el manos libres.

—Llamaba para saber cómo te va. Desde que me calentaste la oreja por lo del localizador, no hemos vuelto a hablar.

—Y te sorprenderá.

Max se rio al otro lado.

A veces envidiaba lo poco que le importaba todo.

—¿Por qué siempre eres tan rencorosa?

—Porque alguno de los dos debe tener buena memoria, Max.

—Aunque no te lo creas, confío mucho en ti.

—Mh… Tanto como para enviar a Prince a vigilarme, sí.

—Medidas colaterales.

—Déjalo, Max. Estoy teniendo un buen día y no me apetece volver a enfadarme —demandé.

—Lo siento. ¿Qué tal te fue en la fiesta de Michael? Todo el mundo habla muy bien de ella.

¿Estaría preguntándolo porque sospechaba o sabía algo? No, Max no era de ese tipo de persona. Si tenía algo que decir, lo decía sin más. Y, de todos modos, no se lo tomaría demasiado bien. Es muy probable que se enfadase con Prince y conmigo.

—Sí, fue bien. Demasiada gente.

—Ya sabes cómo va todo esto. ¿Y conociste a gente interesante?

—No mucha. —Pensé en Theo, pero ni él ni yo volvimos a hablar después de aquello, así que no importaba demasiado—. Hay un par de personas que me dieron su tarjeta, por si me quedaba sin trabajo. Pero creo que les interesaban más mis estudios de marketing que mi experiencia organizando eventos.

—¿Y no te has planteado buscar algo mejor?

—¿Mejor? Trabajo en una de las mejores empresas de Manhattan. Sería una locura si me fuera de aquí. Sabes que me costó una barbaridad pasar las pruebas que me hicieron antes de contratarme.

—No es lo único a lo que puedes aspirar —insistió él.

Fruncí el ceño.

—¿De pronto ya no te gusta mi trabajo?

—Solo digo que mi hermana se merece lo mejor —me peloteó.

Pero algo me decía que ocultaba algún tipo de información que no se atrevía a decir en voz alta. Todavía.

Max era muy evidente. Y siendo mi hermano mayor, lo conocía demasiado bien como para mirar hacia otro lado.

—Estoy bien. No planeo cambiar de sitio. Además, cada vez tenemos más clientes y el jefe está pensando en contratar a más personal.

—¿De veras?

—Mh, sí. Creo que es buena publicidad. Y necesitamos a más mentes brillantes capaces de preparar un evento único y exclusivo en el menor tiempo posible.

Como mi hermano era abogado, no entendía demasiado bien a qué me dedicaba. O eso pensaba yo. Nunca habíamos mantenido una conversación al respecto. Él tiró para la abogacía y yo para el marketing. Que luego terminase trabajando como organizadora de eventos no era más que una casualidad.

—Me alegra verte tan animada, Mad.

—No será porque tú me lo pongas fácil. ¿Cómo están papá y mamá?

—Bien, como siempre. Viajando, peleándose, reconciliándose… Esas cosas que hacen los matrimonios que llevan más de cuarenta años casados.

Sonreí al pensar en ellos.

—Les llamaré pronto.

—Hazlo. Y… ¿Mad?

—¿Sí?

—No te metas en líos.

—No lo haré.

Colgué con la sensación de que Max estaba demasiado preocupado por algo. Pero como no me lo había dicho, decidí creer que no era importante. Al menos, no tanto como para quitarle el sueño.

Dejé el móvil a un lado y me centré en mi agenda de eventos. Aunque, de vez en cuando, casi sin darme cuenta, acababa encendiendo la pantalla por si Prince me había escrito algo.

Pero no llegó ningún mensaje.