Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 La cuerda
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La cuerda

Metros más abajo Laura luchaba por llegar hasta la mano de Luz Marina, que chapoteaba muy cerca de ella. Cuando estaba a punto de hacerlo, cuando sus dedos ya se rozaban, la marcha de la niña se detuvo de golpe. Laura gritó de pura rabia mientras la corriente la arrastraba río abajo.

Su hija se quedó atrás por la carga que llevaba.

Guarapo se estampó contra la raíz expuesta de un árbol y la cuerda que los unía, que se había ido deshaciendo sin llegar a romperse retuvo a la niña en medio de aquel caos de agua y barro.

Laura luchó contra una corriente que jamás la permitiría llegar hasta su hija.

Luz Marina trataba de deshacerse de la cuerda, pero la tenía bien atada a la cintura con unos nudos que el propio Jona se encargó de asegurar.

A veces, la fuerza del agua tiraba de ella hacia abajo y la sumergía; otras veces, la volubilidad de la corriente la permitía alzar la cabeza.

Laura consiguió desplazarse hasta la orilla y, en único golpe de fortuna, se asió a una rama de otra raíz que se atrevía a adentrarse en el agua. Tiró con las pocas energías que le quedaban y llegó hasta la ribera del río. Inició así a pie la marcha que debería llevarle hasta su hija.

La niña se fijó, entonces, en el cuerpo de Guarapo.

El muchacho tenía la mirada perdida, un fino aliento lo mantenía con vida; en su caso la fuerza de la corriente no lo hundía en el agua y Luz Marina se preguntó el porqué.

No tardó en averiguarlo cuando una macha rojiza apareció en el vientre del muchacho.

Se había clavado una rama de la raíz del árbol que lo sujetaba.

Luz Marina sollozó. De miedo y de pena. Porque aunque aquel pobre desgraciado se hubiese propasado con ella, no era agradable presenciar la muerte de alguien que tendría su edad.

Siguió luchando contra la cuerda, pero esta vez, en lugar de considerarla una enemiga, se sirvió de ella para llegar hasta el guerrillero.

Si lo conseguía, podría sujetarse a una rama e intentar trepar a tierra firme.

La corriente era implacable, y el río parecía burlarse de sus intentos, golpeándola con trombas de agua que la hundían una y otra vez.

Cada inmersión era una lección de supervivencia, cada brazada, un acto de voluntad.

Justo cuando estaba a punto de lograrlo, una tromba de agua la hundió en el río; ella pataleó y braceó como cuando estás aprendiendo a nadar, porque en aquel río hay que aprender a hacerlo de nuevo.

Pensó que se ahogaría, pero localizó la cuerda y tiró de ella con la poca fuerza que una adolescente que llevaba días sin apenas comer ni dormir guardaba.

Salió a la superficie y dio dos aspiraciones fuertes.

Ya estaba por asir la camisa de Guarapo cuando este la miró.

El muchacho abrió mucho la boca porque fue cuando se dio cuenta de lo que ocurría.

Luz Marina sonrío.

Y en ese instante, la cuerda que los unía se rompió, como se rompe el cordón umbilical después del parto.