Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 La tapadera
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La tapadera

Tesoro escondido.

Ese era el código, que había que traducir al latín, que abría la herramienta que les recomendó el ucraniano.

El programa en cuestión albergaba los ficheros de vídeo, audio y documentos que tanto interesaban a Poir.

Marina le había requerido un ordenador al Belga y se lo había mostrado.

Los archivos estaban alojados en una nube de alta seguridad.

El Belga cerró el portátil dos segundos después de que Marina le diera al play en el primer vídeo.

—¿Qué coño quieres? —dijo, tan alterado que Emmanuelle ya tenía la pistola en la mano, aunque de momento apuntaba al suelo.

—Insisto en que estos archivos están alojados en una nube segura, duplicados en otra carpeta a la que tenemos otro acceso con un código que no es el que acabo de contarle y usar.

—¿Y qué tengo que hacer para que me deis acceso a esa carpeta? —Poir no se creía lo que estaba sucediendo: él suplicando a dos mujeres en su propia casa. Rectificó—. Supongo que entregaros al chico. ¿No?

—Por favor, Marina —Irene no podía más—, dale lo que quiere y que me devuelva a mi hijo.

La policía local levantó su mano para pedir calma a Irene.

—No, no le vamos a entregar nada.

Igor también sacó su arma y le quitó el seguro. Poir los miró y puso las palmas de las dos manos hacia abajo, al mismo tiempo que hacía un gesto con el labio como si les lanzara un beso o pidiera silencio. O calma.

—Sí, por mucho que lo niegues, tienes cojones, agente.

—Estos archivos están programados para enviarse dentro de un mes, de forma automática, a las redacciones de diez periódicos de tirada nacional.

Los puños de Poir se cerraron con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas.

Apretó los dientes tanto que podría haberse fracturado alguna muela.

Y se puso delante de Marina, tan cerca que podría ver un par de pequeños puntos negros que ella tenía en la nariz, si se ponía las gafas de cerca, claro.

—Una cosa es ser valiente, y otra es ser estúpida.

Poir se acercó a su hermano y le exigió la pistola.