Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 Alterio
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Alterio

El inspector Alterio abrió la tapadera del cubo de basura de la casa de Irene y Mario.

Era la segunda inspección ocular que realizaban en el domicilio, después de la que hicieron cuando se llevaron a Rasha y Amin.

—Lo que no entiendo es cómo no estáis buscando a mi marido y a mi hijo —protestó Irene.

A la mujer le habían caído dos años encima después de las dos últimas noches.

Las ojeras parecía que le iban a dejar una marca negra en la cara como la de los jugadores de rugby neozelandeses.

Los pelos los tenía como si hubiera metido el dedo en un enchufe, y el tono de voz parecía el del solista de los Arde Bogotá.

—Claro que los estamos buscando, Irene —aclaró Alterio—. En esta casa seguro que hay algo que me ayuda a encontrarlo antes de lo que lo voy a hacer si sigo revisando cámaras de vigilancia y trazando coordenadas de posiciones de su teléfono móvil.

—¿En la basura?

—No has denunciado la desaparición de tu hijo hasta hace unas horas —repuso el inspector— mientras se activa el protocolo de los de Secuestros y Extorsiones, yo busco a tu marido en todas partes. ¿Entiendes?

Ella se apartó y le pidió un cigarro a otro de los policías que estaba en la comitiva. Este se lo negó y salió al patio a airearse. La noche había templado las altas temperaturas del día y aliviado los sudores de la mujer, que llegó a pensar en una temprana menopausia.

Le habían puesto la casa patas arriba, no como en las películas, con todo revuelto y desordenado. Era una especie de desorden metódico, en el que los agentes marcaban con pegatinas dónde se había buscado y dónde no. Después de casi dos horas, se dieron por vencidos.

—Te vamos a pinchar también el teléfono fijo que acaba de llegar la orden del juez —informó Alterio.

—Genial, a ver si le ha secuestrado un comercial de ofertas de telefonía.

El inspector no le rio el sarcasmo.

—Si te llaman, si te escriben un mensaje, si te hacen una señal de humo —Alterio contraatacó con ironía—. Nos avisas. Nos avisas y en dos minutos los localizamos. ¿Entiendes?

Ella asintió.

—¿Y mientras tanto qué puedo hacer?

—Descansar, que lo necesitas.

Ella hizo una mueca y resopló por la nariz.

—Inspector —dijo cuando este bajaba las escaleras rumbo a la calle— ¿Qué va a pasar con Rasha y Amin?

—Van a estar mejor de lo que estaban, eso te lo garantizo.

Irene se llevó las manos a la cara y después las bajó hasta quedarse en jarra.

Alterio salió de la casa y justo cuando se metió en el camuflado, recibió una buena noticia por las transmisiones del coche.

—Inspector Alterio —dijo una voz femenina—, tenemos una posición de un repetidor.