Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 Primera parte del plan
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Primera parte del plan

Marina repitió mentalmente el código facilitado por Morales y que ella misma había pronunciado para que Luka Verigo le abriera la puerta primero, y después les facilitara los archivos que estaban buscando.

—Tu maldito ucraniano es un genio —sonrió Marina, que manejaba el portátil sentada en el asiento del copiloto— ¡Ya está! ¡Ya está!

Mario miró de reojo lo que la policía hacía en el ordenador. Buscó un lugar donde parar y lo encontró en un apartadero de la carretera a Sotogrande por la que circulaban.

—Mira, los archivos descodificados.

El abogado suspiró, no de alivio, sino de puro nerviosismo.

—Primera parte del plan ejecutada.

—Madre mía, Mario. Mira esto.

Marina le mostró una de las carpetas, que albergaba unas cinco o seis imágenes. En otra carpeta había tres vídeos, al parecer, todos del mismo corte pornográfico.

—Si este es Poir, se le ve la cara bastante bien. Y estas chicas no tienen más de… —dijo Mario— Joder, menudo degenerado.

—Y no es solo eso, mira

La policía abrió otra de las carpetas. En ella había dos archivos de audio. Playearon el primero, y se escuchaba al que debía de ser el Belga hablar con un tal Rubio. Comentaban la recalificación de unos terrenos en Marbella.

Marina consultó en Google.

—Mira, Alfonso Rubio, Jefe del Gabinete de Presidencia de la Diputación de Málaga

—No me jodas, el Rubio…

—¿Lo conoces?

—Claro, he comido con él. Bueno, con él y con mi jefe y más políticos de Málaga y Marbella.

—Hay de sobra para meterle en el talego muchos años, ¿no? —preguntó Marina.

—En teoría —dijo Mario.

—¿Cómo en teoría?

—Que esto debe validarlo un juez y la policía debe obtenerlo por medios legítimos.

—¿Una filtración de la prensa sería un medio legítimo? —Marina sonrió al policía, que le correspondió—. Pues venga, a por la segunda parte del plan que hay que ir a por Pablito.

Los dos se pusieron a trabajar. Marina cedió el portátil a Mario que empezó a teclear. Ella marcó el teléfono de un tipo que, en esos momentos, acariciaba el pelo de un niño de ocho años que ambos estaban deseando ver.