Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 Habitaciones separadas
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Habitaciones separadas

Los recuerdos acudieron a la mente de Mario cuando se metió en la cama.

La temperatura rozaba los veinte grados, pero tenía el cuerpo descompuesto y necesitó arroparse con una sábana.

Su cabeza estaba repleta de caras de su hijo, tanto alegres en la playa o en sus actuaciones de guitarra, como tristes, cuando se murió el yayo o Jerry el Hámster.

Tuvo tiempo de pensar también en sus caras de terror la primera vez que vio Pesadilla antes de Navidad, una de sus películas favoritas.

Contaba con solo cinco años y algunas expresiones de Jack Skellington podían provocar miedo.

Irene se tumbó a su lado y él notó el calor de su cuerpo. Tímida, con ganas de acercarse, pero la barrera que ella misma había construido, se lo impedía.

—¿Lo conozco?

La mujer calló durante unos segundos, para, después, traicionarle por segunda vez en el día.

—No.

—Entonces dime, porque no me ha quedado claro. ¿Puede estar detrás de esto?

—No.

—¿Estás segura?

—Completamente.

—Llámalo.

—¡¿Cómo?!

—Que lo llames y salgamos de dudas.

—No voy a hacer eso.

Mario se incorporó y clavó su mirada en la de su mujer.

—¿No? Te recuerdo que por encima de tu dignidad y de la mía está la vida de nuestro hijo. Llámalo ahora mismo.

—No, son casi la una de la madrugada, no lo va a coger.

—Tú no lo sabes.

—También está casado.

—Vaya, no perdéis el tiempo.

—Mario, ódiame todo lo que quieras, pero confía en mí en esto: ha sido un error pensar en ello y contártelo.

Es imposible que esté implicado porque… —Mario seguía con sus inquisitivos ojos clavados en los de ella.

Como no se atrevía a seguir, fue Mario el que lo hizo en su lugar al darse cuenta de lo que sucedía.

—Vaya, así que vienes de verlo ahora mismo —Dicho esto, se levantó de la cama y se marchó a la habitación de Pablo—. No me sigas, necesito descansar unas horas.

Mario cerró la puerta y, una vez dentro del cuarto, no quiso mirar nada de la decoración ni las fotos que allí había. Sufrió un nuevo bofetón de realidad cuando se metió en la cama del niño: las sábanas conservaban su aroma.

Se durmió después de más de una hora de llanto, exhausto.

Había sido un día durísimo: un paseo por un parque de atracciones comparado con lo que le esperaba cuando se despertara.