Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 La carta
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La carta

Barcelona, pasado.

Mamá, papá, lo siento, ya no puedo más.

Siento haber sido tan cobarde, tan miedica y tan poca cosa. Pero no podía contarlo. Lo intenté muchas veces, os lo juro. Intenté grabarlo en el móvil y mandároslo. Pero cuando terminaba de grabarlo y lo veía, lo borraba. Fui incapaz de enviarlo.

En Tenerife pasó algo. Eso ya lo sabíais. Fue algo que se quedó dentro de mí y no fui capaz de sacarlo.

Ahora que ya no puedo más y he decidido terminar con todo, tengo que contároslo. De esta forma cobarde, la única que me garantiza que no pasaré la vergüenza de que me miréis a la cara, de que me miren a la cara y me señalen como al niño al que violaron.

Sí, me violaron, mamá, papá.

No puedo decir quién abusó de mí. Solo recuerdo su cara. Su olor, sus manos ásperas.

Era viejo.

No sé cómo me quedé a solas con él, los demás se habían ido a la cascada. Me metió en una cueva diciendo que nadie quería ir, pero que era una maravilla y que merecía mucho la pena verlo. La verdad es que era bonita, allí bajo el barranco.

Una vez dentro, me bajó el pantalón. Ese de dos piezas que tanto me gustaba.

Me tocó mis partes. Y me metió sus manazas por detrás.

Me obligó a tocarle. Y me siguió metiendo sus manazas dentro de mí.

Quise salir corriendo, pero era muy fuerte.

Me había tapado la boca y me ordenó que me callara.

Me lo dijo muy fuerte, y yo sentí mucho miedo, mamá, papá.

Luego me di cuenta de que había otro, grabándolo todo con un teléfono. Se escondía, se pensaba que no lo veía, pero sí que lo vi.

Era joven.

Lo miré pidiendo ayuda, yo pensaba que se la pedía. Lo que pasó es que yo movía la boca, sin que las palabras salieran de ella.

Dolía mucho, mamá. El viejo que me violó solo paró cuando emitió un gruñido y… bueno ya sabes. Por entonces yo no sabía qué era aquello.

Me amenazó.

Me dijo que si contaba algo tenía todos mis datos. Dónde vivía y quiénes eran mis padres y mi profesora y mi mejor amigo. Me dijo que tenía amigos muy malos en Barcelona y vendría a matarnos a todos.

Al principio me lo creí. Con el tiempo me di cuenta de que era solo una amenaza falsa. Pero ya era tarde. Yo lo tenía tan dentro de mí, que me pudo más la vergüenza que el miedo. Me miraba al espejo y siempre veía al tío ese detrás de mí. Vejándome. Y delante al otro, grabándolo.

Lo siento mamá, lo siento papá.

Lamento contarlo de esta forma.

Espero que podáis entenderlo y que podáis perdonarme.

Os quiero.

Hasta siempre.

Roger.