Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 ¿Traidor?
29%

¿Traidor?

Tenerife Sur, presente.

—¡¿Quién ha sido?!

—Airam, hermano, haz el favor de calmarte.

—Que quién ha sido de los dos.

Mara se acerca, me toma el brazo. Me mira a los ojos y ni todo el turquesa de sus iris consigue calmarme.

—Airam —dice ella.

Y no habla más. Solo me abraza. Debe notar las pulsaciones de mi corazón. Porque está a punto de salirse por la boca. Me doy cuenta de que sigo con el cuchillo en la mano. Miro a Matías, que no me aguanta la mirada.

—¿Has sido tú? Hermano.

Marco bien la palabra «hermano».

—¿Qué dices, Airam? —No le respondo, tan solo clavo mis ojos mientras Mara sigue abrazándome—. Ya me ha quedado claro que nada de picoletos o maderos.

—Matías, sé que tienes un par de amigos en el cuartel de Adeje.

—¿En serio me estás preguntando esto?

—Muy en serio.

—Cálmate, por favor, Airam. Otra vez no —interviene Mara.

Me dan ganas de preguntarle si ha sido ella. No puedo. No debo.

No soportaría que una de las dos únicas personas en las que confío me haya traicionado. Me separo de ella, y la miro a los ojos. Los suyos brillan demasiado, a punto de verter una lágrima.

Dejo el cuchillo sobre la mesa.

—Voy a cambiarme, y nos vamos, Matías.

Los dejo a los dos en la cocina.

Subo y enciendo el móvil. Mientras me cambio a toda prisa, tecleo el pin y lo desbloqueo.

¡Hay cobertura!

La cobertura ha vuelto y hace que se me olvide —por un momento— el bloqueo emocional. Lo primero que hago es llamar a mi hermano.

No me lo coge.

Termino de atarme las zapatillas y vuelvo a marcar.

Al tercer tono me lo coge y su voz es de evidente somnolencia.

—Aday, hermano, necesito preguntarte una cosa muy importante.

—¿Qué pasa? ¿No te ha llegado el dinero?

Advierto que no he revisado las cuentas online.

—No lo sé, anoche el cajero no daba más de cinco mil euros.

—Inténtalo en otro hoy.

—Necesito que me contestes a algo y te suplico que me digas la verdad.

—¿Qué ocurre, Airam?

—¿Me juras que me vas a decir la verdad?

—Que sí, joder, ¿qué pasa?

—¿Me lo juras por El barranco? —Se produce un silencio—. ¡Aday!

—No me gusta que me recuerdes eso, hermano.

—Solo júramelo por ello.

—Que sí, que te lo juro por el puto Barranco, pero no me hagas recordarlo más. Ahora dime qué coño pasa.

Suspiro. Doy por bueno su juramento.

—¿Tú has avisado a la Guardia Civil del rapto de Rayco?