Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 Llamada
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Llamada

Tenerife Sur, presente.

—¿Airam García?

—Soy yo, ¿quién es?

—¿El padre de Rayco García?

—Sí, ¿qué pasa?

—Tienes hasta mañana a las once de la noche para entregarnos a la furcia que se cree la madre de tu hijo.

—¡¿Cómo?!

—Punta del Fraile, mañana a las once en punto de la noche —sentencia el secuestrador—. O nos traes a la zorra, o el niño va a aprender barranquismo por las malas, sin la ayuda de su padre.

Si no llega a ser porque me sujeto al quicio de la puerta, doblaría las rodillas o caería a plomo sobre el suelo. Se acaban de confirmar los peores presagios: a Rayco se lo han llevado por la fuerza.

Mara no es la madre de Rayco, no.

Es mucho más: es la mujer que sin tener una gota de sangre del niño lo trata mejor que si fuera su propio hijo. La mujer que desde hace seis meses me trae el mar a mi cama cada vez que despierta y veo el turquesa de sus ojos.

Y la situación que me acaba de plantear el cobarde que ha sido capaz de secuestrar a una criatura de nueve años también me ha hecho perder el control de mis pulsaciones.

¿Qué falta para rematar este cóctel que me tiene al borde del colapso?

El temblor de tierra que acaba de producirse. Se descuelgan dos fluorescentes del techo que a punto están de impactar contra la conserje del colegio. Mara y yo nos refugiamos en el arco de la puerta del ascensor.

El Teide, la montaña, mi montaña, ha empezado a despertar.

Siempre lo han llamado el gigante dormido.

La montaña más alta de España es un volcán, y los volcanes tienen ese gusto por engañar a todo el que reúne el coraje suficiente para vivir a su alrededor (o al que no le queda otra).

Parecen gigantes de piedra que han concedido permiso a las plantas para crecer y nutrirse de sus minerales y del agua que surca sus laderas.

Pero ese permiso puede revocarse en cualquier momento.

En la isla vecina de La Palma lo saben bien.

¿Qué voy a hacer?

Sacar a mi pareja de allí.

Mirarla a los ojos.

Y hacerle muchísimas preguntas.