Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 El control del latido
21%

El control del latido

Libro 2

El barranco

Tenerife Sur. Futuro.

Nadie que haya visto jugar a sus hijos en el parque imaginaría que puedan secuestrarlos y amenazar con seccionar uno de sus dedos meñiques, meterlo en una caja y enviarlo por mensajería.

Por desgracia, sí que será posible.

Yo lo sé muy bien, y por eso estaré ahí: al borde de un barranco, en mi amada isla de Tenerife.

Mi presencia al filo de una pared en la montaña no será algo que me asuste ni nada nuevo; esa situación sí lo será.

Una de las varias situaciones en mi vida en las que mi corazón me habrá dado un vuelco tan grande que podría detenerse.

Aunque la última vez que esto sucedió distará mucho en el tiempo.

La luna llena iluminará la noche, con permiso de la nube que cubrirá el cielo.

Además, un resplandor rojo anaranjado apoyará en la tarea de alumbrar el terreno; un resplandor proveniente del centro de la isla.

Todo ello me permitirá ver muy bien entre la oscuridad.

Aunque mi visión no estará muy centrada.

No seré capaz de pensar con claridad.

¿Habrán secuestrado a mi hijo? Sí, y habré llegado hasta el barranco con el propósito de recuperarlo.

¿Me habrán pedido que entregue a la mujer que amo a cambio de su rescate? Sí, lo harán. Y se la entregaré. ¿Lo haré?

¿Me convertiré en un delincuente para solventar la situación? Quizá ya lo era desde siempre.

Todo será difuso. Llevaré más de treinta horas metido en un bucle en el que no sabré si estaré viviendo en un mundo real o irreal o, incluso, surreal.

Mi hijo, sus dedos, su cara. Mi vida entera.

Mara, su boca, sus palabras. La mujer que amo, la que me rescató de las garras de la depresión ocho meses atrás.

No soy solo yo el que sufrirá por dentro. Mi isla también estará desbocada, como si quisiera decirnos algo, rebelarse y protestar y vomitar y escupir que la maltratamos. Llevará un par de días así. Hará que todo tiemble y que el barranco y su acantilado me llamen, me invoquen.

Y a mí me costará mucho decirle que no a un precipicio.