Saga secuestros: Toda la colección. Libros 1-6 El miedo
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El miedo

Tiempo transcurrido desde el secuestro: 36 h 35 min.

Me duele mucho el culo. Me ha estado azotando como si fuera un bebé; dice que me he portado mal y que me lo merecía.

Me ha quitado las bragas y el pantalón, y no me las ha devuelto, y ahora me he hecho pis encima otra vez, y me da mucho asco.

Tengo el culo al aire y solo me tapa mi camiseta y mi rebeca.

Además, me ha puesto un pañuelo en la boca.

No puedo gritar, y me duele porque me lo ha apretado mucho.

Sigo con las manos atadas; de tanto intentar desatármelas, me hecho sangre en las muñecas y creo que un hilillo de sangre me corre por las muñecas.

Me escuece y me duele y, cuando intento arrancarme la cuerda con los dientes, noto su sabor.

El sabor de la sangre es algo asqueroso que recuerdo de cuando he ido al dentista y me han tenido que sacar algún diente de leche.

No sé quién me ha raptado. Mis padres siempre me han dicho que es mejor así; que, si algún día me secuestran, es mejor que no reconozca la cara del secuestrador. Yo no sé qué es mejor o qué no. Lo que sí sé es que me quiero ir de aquí cuanto antes y refugiarme entre los brazos de ellos dos.

Además del frío y del pis y de la suciedad, tengo hambre.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero solo me han dado dos chocolatinas y un vaso de zumo.

Y me sigue doliendo la tripa. Como no puedo gritar, voy a usar otra forma de comunicarme con el exterior por si alguien me oye: los tubos que encontré antes de que me descubrieran fisgando.

Hace tiempo vi una película de un submarino (o un barco) en el que los marineros se comunicaban dando golpes en los tubos y los otros marineros, que estaban en otra parte del barco o del submarino, los escuchaban.

Se comunicaban por una cosa que se llama código morse.

Lo conozco por haberlo visto en clase de ciencias sociales en el cole.

Yo no sé código morse, pero sí me sé una canción que mi padre pone muchas veces en el coche.

Se llama We will Rock you, y es de un grupo muy famoso llamado Queen.

Es una canción muy pegadiza que puedes tocar tú misma dando dos golpes sobre la mesa y después una palmada: «Boom, boom, plas; boom, boom, plas».

Una vez lo hice en clase con mis compañeros, y todos me siguieron porque les gustó mucho.

Voy a hacerlo otra vez contra los tubos metálicos.

Me levanto, pero… creo que me han atado los pies también. Maldita sea… ya decía yo que notaba algo raro ahí abajo. Me vuelvo a sentar; me da muchísima rabia. Siento ganas de llorar y gritar, y morder a la persona que me tiene aquí secuestrada.

Pero no pienso rendirme. Me arrastro por el escalón de piedra en el que estoy tumbada.

Muevo el culo poco a poco hacia la izquierda y, aunque está helado y me raspa, llego hasta la pared donde están los tubos.

La palpo y los encuentro. Ahora voy a golpearlos con mis uñas, porque no tengo otra cosa con que hacerlo. Boom, boom, plas. Boom, boom, plas.

La verdad es que no se escucha muy fuerte: voy a golpearlo con mis manos.

Boom, boom, plas.

Boom, boom, plas.

Bueno, así suena un poco más, aunque espero que esos tubos lleven a otro lugar donde alguien pueda escucharme, porque en la película tampoco es que sonara mucho más fuerte.

Los golpeo durante un buen rato, pero no escucho nada más.

Pero tengo que parar de hacerlo. Se ha encendido la luz del otro lado de la puerta. Ya viene otra vez.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta.

Tengo miedo. Mucho miedo: acabo de ver su cara. Y es una cara conocida.